Italia

Las elecciones europeas, una discreta pugna en el seno de la coalición de Meloni

Un autocar con publicidad electoral para las elecciones europeas, en una calle de Roma.

Un autocar con publicidad electoral para las elecciones europeas, en una calle de Roma. / Daniel Cáceres (Efe)

La coalición con la que Giorgia Meloni gobierna Italia desde hace año y medio, aliada con Matteo Salvini y Antonio Tajani, afronta tranquila las elecciones europeas aunque, a nivel individual, cada uno se ha fijado sus propios objetivos, compitiendo entre sí por ganar peso en la derecha nacional y continental.

Italia, un país tradicionalmente en perenne crisis política, vive una situación atípica, gobernada sin sobresaltos desde octubre de 2022 por los ultraderechistas Hermanos de Italia (HdI) de Meloni y la Liga de Salvini, junto a la conservadora Forza Italia (FI) de Tajani.

Este tridente no solo ha logrado llegar al Ejecutivo, sino también acaparar gran parte del poder regional en los últimos años con una estrategia efectiva: yendo unidos a las urnas.

Sin embargo, en las elecciones al Parlamento Europeo del 8 y 9 de junio cada uno irá por su cuenta en tres familias europeas distintas: Meloni con los Reformistas y Conservadores (ECR), Salvini con los ultraderechistas Identidad y Democracia (ID) y Tajani con el Partido Popular Europeo (PPE).

La cita electoral -con unos comicios municipales paralelos en 3.700 ciudades- brindará a la tríada la ocasión para cotejar la fuerza de su alianza gubernamental y la de sus miembros por separado.

Aunque los analistas, con los sondeos en la mano, descartan turbulencias en su continuidad. "Los resultados no tendrán grandes efectos sobre el Gobierno. No habrá crisis porque el poder es un aglutinante fortísimo", afirma a Efe el politólogo Giovanni Orsina.

Meloni sin erosión

La primera ministra aspira al resultado electoral que le dio el poder (un 26%), algo más que factible, pero también a que su grupo europeo, el mismo que el español Vox, sea determinante en la formación de la futura Comisión.

Para ello ha asumido una "posición intermedia" entre populares y la extrema derecha de Salvini y Marine Le Pen, explica Orsina, profesor de la Universidad LUISS de Roma.

"Su objetivo, más complicado, es influir en los juegos europeos", sostiene el politólogo Oreste Massari.

Meloni, jefa de un partido de origen posfascista, se codea ya sin problemas con el resto de líderes, en junio presidirá el G-7 y exhibe buena sintonía con la presidenta saliente de la Comisión, Ursula von der Leyen, del PPE, que la ha bendecido para futuras negociaciones.

Tajani y la resurrección de un partido

Mientras Meloni duerme tranquila, dentro de su coalición se vive una apretada pugna por la segunda posición entre Salvini, tótem ultra en declive, y Tajani, delfín del difunto Silvio Berlusconi.

En los últimos años, FI ha representado un partido menor en la derecha nacional y algunos creyeron que podía perecer junto a su histórico fundador, pero no ha sido así.

Tajani de hecho ya no se conforma con el 8% de las generales, sino que quiere subir al 10%, es decir, sorpasar a su socio.

Salvini se la juega

Quien más arriesgará, según los expertos, será Salvini, que podría quedar relegado a la tercera posición de la derecha italiana... él, que hasta hace poco la dominaba.

Por eso ha optado por elevar el tono de la campaña postulándose como fuerza radical y reclutando al general Roberto Vannacci, expedientado por un libro superventas repleto de opiniones homófobas y xenófobas.

"Un resultado mediocre podría amenazar el liderazgo de Salvini", avisa Massari.

Ambos, Salvini y Tajani, representan dos derechas distintas, una euroescéptica y otra moderada, y el resultado de su competición podría marcar el tono del Gobierno. "Quien quede por delante influirá en cierto modo en la dinámica de la coalición en el futuro", apostilla.

¿Una réplica italiana en Bruselas?

En esta campaña, Meloni y Salvini han mostrado su deseo de replicar una alianza similar a la suya en Bruselas uniendo a populares, conservadores y ultraderechistas para excluir a los socialistas.

Pero esa idea es "absolutamente impracticable", según Orsina. No sólo por las previsiones demoscópicas, que ni siquiera vislumbran esa opción, sino por la incompatibilidad jurada entre familias europeas más o menos escoradas a la derecha.

Tajani ha prometido que jamás bendeciría un pacto con Le Pen, a su vez proscrita por los liberales de Renew Europe. En este contexto, los ultraderechistas de ID podrían acabar en el ostracismo otra vez.

"Espero reconstruir la coalición de derechas a nivel europeo, pero cuando Tajani la toma con Le Pen se equivoca. Nosotros trabajamos por unir", ha defendido Salvini, temiendo quedarse sin silla en el futuro juego de poder europeo e italiano.

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