El buque Elcano atraviesa el Pacífico 500 años después de Magallanes

I Vuelta al mundo

El buque escuela está consiguiendo reproducir esa circunnavegación y, aunque sus 230 tripulantes no pueden bajar del barco para conmemorar los distintos hitos de Magallanes-Elcano, mantienen las ganas casi intactas

El buque Elcano atraviesa el Pacífico 500 años después de Magallanes.
El buque Elcano atraviesa el Pacífico 500 años después de Magallanes. / Fito Carreto
M.T./Efe

27 de febrero 2021 - 20:48

Cinco siglos después de que Fernando de Magallanes consiguiera atravesar el Pacífico por primera en la historia con tres naos españolas, el buque Juan Sebastián Elcano ha seguido su estela y llegado a Guam o "La isla de los ladrones", como la denominaron los agotados navegantes del siglo XVI.

Los tres años que duró la primera vuelta al mundo, que inició en 1519 el portugués Magallanes y culminó en 1522 el español Elcano, vivieron uno de sus momentos clave en el cruce del Pacífico, bautizado así por el propio Magallanes antes de atravesarlo en una singladura de unos 16.500 kilómetros.

Pandemia mediante, el buque escuela Elcano está consiguiendo reproducir esa circunnavegación y, aunque sus 230 tripulantes no pueden bajar del barco para conmemorar los distintos hitos de Magallanes-Elcano, mantienen las ganas casi intactas.

Tres de ellos, un alférez, un contramaestre y un guardiamarina, hablan con EFE horas después de arribar este viernes a Guam, una isla de la Micronesia al este de Filipinas en la que el barco permanecerá amarrado unos días para continuar con el recorrido que en su momento hicieron las naos españolas.

Poco tiene que ver la navegación de hace 500 años con la del Elcano, un buque que, eso sí, se mueve a vela como las naves de Magallanes, y sus tripulantes -170 de dotación y 60 guardiamarinas, es decir, alumnos- se acuerdan a menudo de esas diferencias.

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"Comunicarte hace 500 años era inviable, por ejemplo. No quiero ni pensar cómo lo pasarían ellos. Si nosotros lo pasamos mal, ellos mucho peor y además se tenían que reponer a sus temores y miedos. Yo que vivo en primera persona los beneficios del siglo XXI, veo que son auténticos héroes, cruzar un mar en las condiciones que tenían solo lo hacen héroes".

El que habla al teléfono desde el barco amarrado en la base naval de Guam es el brigada Alfonso López Conesa, recién llegado después de haber completado 24 días de travesía desde Hawai, donde recalaron después de 28 más desde México.

Como contramaestre de cubierta y experto en Elcano (ha hecho ya nueve viajes con el barco), dirige la "faenas marineras" de un buque de 113 metros de eslora, cuatro mástiles y 20 velas que, reconoce, alberga a los tripulantes en "condiciones más espartanas" que las de otros.

El alojamiento es básico y las maniobras se hacen de forma manual, con cada militar asignado a una función determinada en las principales, como cambiar de dirección el buque. "Pero se sobrelleva, los alumnos ya saben a lo que vienen".

Uno de esos estudiantes es Álvaro Salvador. Tiene 21 años, es de Almería y embarcó en Elcano en Guayaquil (Ecuador) a finales de diciembre junto con otros 59 guardiamarinas. Además de trabajar en el barco, estudia cada día para sacarse un grado de Ingeniería Mecánica.

Los guardiamarinas se levantan, relata, a las 6.45 con el toque de diana, empiezan sus clases a las 7 y paran para comer a las 13.30. Luego ayudan en el barco y disfrutan de algo de tiempo libre, aunque si hay que realizar una maniobra, cualquier actividad se paraliza.

Afortunadamente, explica el aspirante a oficial, han tenido muy buen tiempo en la travesía, sin olas, sin tormentas y sin momentos de calma a pesar de que en la zona cercana al Ecuador abundan e impedirían al barco avanzar.

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Lo mismo les pasó a Magallanes y Elcano cuando recorrieron una distancia mucho mayor en el siglo XVI. "A diferencia de otras expediciones posteriores, la de Magallanes tuvo bastante suerte con la climatología, con vientos favorables, ninguna tormenta o encalmada, tuvieron una navegada muy buena", cuenta a EFE Tomás Mazón, autor del libro "Elcano, viaje a la historia" y uno de los mayores expertos en su gesta.

Pero las condiciones de navegación en las naos eran radicalmente distintas y los del siglo XVI no sabían dónde estaba el final. "No contaban con el dimensionamiento del mundo que hoy conocemos, era lo desconocido de manera absoluta, iban avanzando con la esperanza de llegar en algún momento", explica.

Dieciocho personas murieron tras 108 días en alta mar, sobre todo por el escorbuto al no tener alimentos frescos, y seis más, muy enfermas, fallecieron ya en Filipinas.

A Guam llegaron en tres barcos y el cronista describió así la arribada: "Uno que estaba en la gavia que se llama Navarro, dijo a grandes voces: '¡tierra, tierra!'. Con esta subida palabra todos se alegraron tanto que el que menos señales de alegría mostraba se tenía por más loco".

Mientras el buque escuela de la Armada española se encontró este viernes con una isla occidentalizada que desde 1898 es territorio no incorporado de EE.UU. y la UE considera paraíso fiscal, los 150 que llegaron con Magallanes el 6 de marzo de 1521 se toparon, asombrados, con muchos aborígenes que remaban hasta sus naos.

"Empezaron a acudir en una gran cantidad de pequeños barcas con una vela hecha de palma, eran muy ágiles, y aquella gente no tenía sentido de la propiedad: empezaron a coger las cosas de los barcos y se las llevaban", explica Mazón, lo que acabó siendo un problema cuando robaron uno de los botes de los españoles.

"Eso enfadó a Magallanes y empezaron a pelear, tuvieron que salir de allí antes de lo que les hubiera gustado". Y con pocas provisiones, pero con las ideas claras a la hora de bautizar la isla como "de los ladrones".

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"No nos podemos hacer a la idea de lo duro que debió ser", reflexiona al teléfono el guardiamarina Álvaro Salvador a bordo del buque español, que tiene en su escudo la frase "Primus circumdedisti me" ("Tú has sido el primero en rodearme"), la misma que figura en el que otorgó el Rey Carlos I a Elcano al volver.

Uno de sus profesores es el alférez de navío Carlos Supervielle, de solo 25 años, cartagenero de nacimiento y gaditano "de corazón", que define de "espectacular" el paisaje montañoso de la isla que tiene delante.

En la guardia nocturna la víspera de llegar a Guam, recuerda que comentaba con un compañero el "milagro" que fue para los de Magallanes-Elcano llegar a tierra firme después de 3 meses y medio en el mar.

"Debió ser como si se les apareciese la virgen, un momento espectacular", afirma para recordar lo que también explica Mazón: cómo se comían las ratas, que pagaban a medio ducado la pieza, y el cuero que protegía los mástiles, que ponían a remojo tres días en agua de mar para que se reblandeciera.

El alférez reconoce que cinco siglos después "hay gente que pagaría para estar aquí" porque hacer la instrucción en Elcano es "una experiencia que se queda para toda la vida". Este año, marcado por la covid, es diferente porque los del buque funcionan en burbuja y no bajan a tierra.

Se pierden lo bonito de conocer los lugares donde recala, pero aún así los estudiantes tienen el ánimo alto porque, dice el profesor, "se habían hecho a la idea de que este año iba a ser un poco más duro". "Al final son marinos de guerra y hay que estar cuando las circunstancias son más complejas".

Después de celebrar un pequeño acto en Guam de homenaje a los aventureros de hace 500 años, los marineros de Elcano pondrán rumbo a Filipinas y pararán en la isla de Cebú, donde el 27 de abril de 1521 murió Magallanes a manos de los indígenas. Después de su caída, Elcano tomó el mando de la flota y decidió seguir hacia el este para completar la primera circunnavegación.

De ahí, el buque español seguirá, según la ruta prevista en un año con constantes cambios, a Indonesia, Omán, Malta y de vuelta en Cádiz, donde se le espera el 13 de junio para completar una vuelta al mundo mucho más cómoda que hace cinco siglos pero que está siendo un reto en plena pandemia. EFE

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