El día que el Guadalete enseñó los dientes en Arcos

La Guardia Civil desaloja a la carrera la pedanía de La Pedrosa horas después de tener que evacuar en el Santiscal a los ancianos del Residencial Lago de Arcos

250 desalojados en La Pedrosa, pedanía de Arcos, por la crecida del Guadalete

Rafa, un vecino de La Pedrosa, posa junto a su mujer y su perro en el polideportivo de Arcos tras ser desalojados. / Julio González
Pedro M. Espinosa

Arcos, 06 de febrero 2026 - 06:00

“Hay que hacer ahora otro barrido y asegurarnos que no quede nadie”. Sergio, brigada de la Guardia Civil, se hace grande levantando sus brazos en medio de la calle principal de La Pedrosa para llamar la atención de sus hombres. Los hemos acompañado desde el cuartel de Arcos a bordo de un convoy de todoterrenos que ha avanzado a trompicones entre carriles anegados hasta una pedanía de 250 vecinos que hay que desalojar urgentemente. La presa de Bornos no puede más. Va a comenzar a desembalsar y el Guadalete, que ya baja enseñando los dientes, amenaza con inundarlo todo.

La cosa es seria. Los guardias civiles se bajan de los coches como se bajan de los coches los guardias civiles,de un salto. La teniente Pilar empieza a dar órdenes. Ya hay varios coches particulares esperando para salir hacia Arcos. Se suceden las carreras de los vecinos. Los perros ladran. Un paisano arrastra un burro marrón empapado hacia una zona más elevada, aunque el barrio es una ratonera. A un lado, un río que, por anchura, casi parece el Nilo; al otro, una pronunciada pendiente que lleva hacia el pantano de Bornos. Susto o muerte.

La crecida del Guadalete a su paso por La Pedrosa. / Julio González

Un matrimonio de mediana edad habla por teléfono a las puertas de su vivienda, situada junto al bar Guadalete, cuyo pórtico nos sirve de protección ante una lluvia que cae con fuerza. Portan una pequeña maleta en la que han metido lo indispensable. “Estamos esperando a que uno de nuestros hijos, que vive en Arcos, venga a por nosotros. Llevamos aquí toda la vida pero nunca habíamos visto esto. Alguna vez sí que se ha producido una pequeña riada por la lluvia, pero esto es impresionante. No sabemos cuándo nos dejarán volver”, aclara.

El brigada de la Guardia Civil dirigiendo el desalojo. / Julio González

La Guardia Civil golpea las puertas de todas las viviendas. Los rostros están tensos. Esto no es un simulacro. No hay tiempo para chanzas. En una de ellas hay una señora de 100 años con movilidad muy reducida a la que hay que evacuar de manera inmediata.

Tras una cancela verde un perro de dimensiones considerables ladra amenazante. Uno de los agentes intenta acercarse para abrirle la verja pero el animal reacciona de manera agresiva. Está asustado. No es el único. “Están esperando nuestra señal de que no queda nadie para abrir manualmente la presa. Hay que darse prisa”, anuncia la teniente. Finalmente pueden llegar hasta la verja y liberar al perro, que corre en busca de un dueño que en ese momento va a su encuentro.

Un vecino de La Pedrosa preparado para marcharse. / Julio González

Junto a la salida de la pedanía la palabra más repetida es vamos, vamos, vamos... como en un partido de Rafa Nadal pero con el agua al cuello. No hay tiempo que perder. Tras una última inspección a Las Pedrosas nos montamos en los coches y salimos disparados hacia Arcos. El pantano de Bornos va a comenzar a abrir sus compuertas de manera manual cada cuarto de hora y dejar pasar 50 metros cúbicos por segundo de inicio hasta llegar progresivamente a los 700. “Hay que ir soltando poco a poco, de lo contrario la fuerza del agua puede acabar con todo”, explica la teniente. Pese a esta precaución, el puente situado frente al aliviadero de la presa arcense se cierra al tráfico por precaución.

El puente de San Miguel

En una zona elevada del pueblo bajo la que discurre bravo el Guadalete se puede ver al maltrecho puente de San Miguel, el conocido como puente de hierro, que lleva meses cerrado por riesgo de colapso. Se teme que la acometida del río termina por derrumbarlo complicando la movilidad en el Barrio Bajo arcense. La Guardia Civil ha colocado vallas impidiendo el tráfico, lo que no impide que algunos vecinos circulen. Las casas de esta zona no se han desalojados porque el río discurre a unos cuatro metros. No se cree que la crecida llegue hasta ese punto. Aunque nunca se sabe.

Desalojo de la residencia de ancianos

La realidad es que este inolvidable 5 de febrero ya nació torcido para los arcenses. Al filo de la medianoche se informaba que en la zona del Santiscal iban a producirse algunos desalojos. Lo peor llegó cuando se alertó al Residencial Lago de Arcos, situado junto al pantano, que debían evacuar a los 143 ancianos residentes en menos de cuatro hora. En la mañana de ayer, José Ángel Aranda, su director, que no había pegado ojo en toda la noche, hablaba con este diario en el edificio Emprendedores –adonde habían llevado a muchos de los desplazados– para hacer un relato de los hechos. “En el centro tenemos 145 internos, pero dos de ellos, con múltiples patologías, estaban hospitalizados. Así que anoche éramos 143. Algunas personas muy mayores, con problemas de movilidad, eran las que más me preocupaban. Gracias al apoyo de la Guardia Civil, Policía Local, Protección Civil y de los técnicos sanitarios pudimos ir evacuándolos. Nerviosos pero con calma. Fueron momentos de mucha incertidumbre porque temíamos que el río llegara. Incluso el personal que ya no estaba de servicio acudió rápidamente. Y también multitud de voluntarios del pueblo”. Es en el momento de hablar de ese espíritu solidario cuando a José Ángel se le quiebra la voz y no puede seguir hablando. “No sé qué hubiera sido de nosotros sin esta ayuda. Gente con coches particulares que se ofrecían para llevar a los internos. Formamos una gran caravana que se dirigió hacia la zona alta del pueblo. Los fuimos repartiendo entre este edificio y el polideportivo. Antes de las cuatro de la mañana ya estábamos todos a salvo”.

Cerca de las dos de la tarde todavía quedaban algunos ancianos en el equipamiento municipal. Ancianos con miradas perdidas pero que eran capaces de aplaudir ante la llegada de la comida. La animosidad y el optimismo del personal sanitario les contagiaba y tocaban palmas con sus manos de pieles apergaminadas al ver jarras de caldo caliente con el que calentarse después de una dura noche.

Desplazados al Polideportivo

Junto al campo de fútbol de Arcos se levanta la piscina municipal y el pabellón, aunque el deporte que más se practicaba ayer era el de la solidaridad. A las puertas del polideportivo hay personal de Cruz Roja. El alcalde, Miguel Rodríguez, visita a los vecinos que han tenido que refugiarse de la crecida del Guadalete. La mayoría provienen de La Pedrosa. Hay familias enteras con sus mascotas. Rafa conversa con nosotros junto a su mujer, su hijo y su perro. “Nos vamos a ir a Jédula, donde vive mi madre. Unos amigos nos han dejado una casita, porque en la nuestra el agua estaba a punto ya de superar el escalón de la entrada. A ver si deja de llover y podemos volver pronto, pero nadie nos puede dar esa información”.

Camastros preparados en el pabellón. / Julio González

Otro residente en La Pedrosa confiesa que no le ha hecho gracia la evacuación. “Mi casa está en una zona elevada y tiene dos plantas. No entiendo por qué me he tenido que ir si no quería. Por poco me llevan detenido. No sé, yo me hubiera quedado allí”, dice.

Fuera comienzan a preparar alimentos para repartir. En las gradas del polideportivo, donde otros días se aplaude y se anima a los equipos locales, hoy hay rostros demudados. Las lágrimas aparecen cuando los vecinos comienzan a contar sus experiencias. La cancha, separada por grandes cortinajes, están jalonadas por camastros con mantas de laCruz Roja preparadas para calentar los sueños de los arcenses. O las pesadillas. Mañana será otro día.

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