Cultura

Ángel en llamas

Ángel en llamas Ángel en llamas

Ángel en llamas

Es Wittkower quien nos recuerda que Rodin apenas empuñó el cincel y la maza, dejando tales esfuerzos para sus ayudantes. A la vista de su obra, sin embargo, es fácil imaginar a Rodin golpeando un bloque de mármol y embarneciendo el tipo del genio purificado y sucio, del médium tembloroso y absorto. Para hallar esa violencia y esa purificación habría dirigirse a su discípula y amante Camile Claudel, en cuya obra -sin embargo- no adivinamos el mismo grado de urgencia, de conmoción, de escalofrío plástico, que en su maestro. Tampoco encontraremos en Rodin la flor de la locura que adornó a Claudel, desde muy temprano, y que la mantuvo recogida en un manicomio durante tres décadas.

En este sentido, es el mismo Wittkower quien señala, en Nacidos bajo el signo de Saturno, la estrecha relación entre arte y desequilibrio -entre Genio artístico y locura, según Jaspers-, que en las Vidas de Vasari ya figuraban como un lugar común del orbe renacentista. Recordemos que Camile Claudel fue hermana del poeta Paul Claudel y contemporánea de Rilke, de Mallarmé, de Mirbeau, de Huysmanns. No obstante, su obra no disfrutó, como cabía prever, del éxito que merecía, ensombrecida acaso por la estatura de su maestro. A lo cual se añade que la historia de amor que unió a ambos artistas es también aquélla que precipita, presumiblemente, su delirio. Pues bien, con todos estos datos, tendentes al melodrama de época, Desbordes ha compuesto unas estampas, ligeras y veraces, cuya ejecutoria cabría tildar, sin duda por voluntad de la autora, como rodinescas.

Quiere decirse que la criatura inteligente, frágil y desamparada que imagina Desbordes, no se aparece ante nosotros como una continuidad narrativa, sino en un ritmo discontinuo, plástico, expresivo, del que surge, no la trémula efigie de Claudel, ángel en llamas, pero sí el esfumado de una vida, que alcanzamos a adivinar proustianamente. Y alcanzamos a adivinarla en su desolada y áspera grandeza, sin que la autora se atreva -injuria intolerable- a compadecerse de ella.

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