Cultura

¿Apetece un baño de letras?

  • La excusa durante todo el año es que no se tiene tiempo para abrir un libro pero, ¿qué pasa en vacaciones?

Espere un momento. No pase a la siguiente página, por favor. Aguante sólo unos instantes. Vamos a intentar hacer una especie de pequeño experimento. ¿Se anima? Si sigue bien todas las instrucciones, no nos llevará mucho tiempo y, además, disfrutará mucho más del verano.

¿En qué parte de la casa está la estantería donde amontona y amontona libros? Vaya allí. Encienda la luz y permanezca quieto en la puerta. No entre todavía. Necesitamos mucha luz. No vale una simple lamparita de mesa. Ilumine en condiciones la habitación, que haya luz a raudales. Si son necesarias las gafas de sol, póngaselas. No se preocupe que no le verá nadie. Remánguese la camisa hasta los codos. Puede incluso quitársela si considera que hace demasiado calor. Examine escrupulosamente la estantería desde la puerta. ¿Demasiado polvo? Entonces, vaya a la cocina y coja una buena bayeta. Ya de paso, prepárese un  vaso de agua con hielo, por si le entra la sed. Vuelva a la puerta y coja aire. Vamos a empezar a meterle mano a la estantería. Lleva demasiado tiempo haciéndose la remolona.

¿Cómo de ordenado o desordenado es usted amigo? ¿Es de los que coloca los libros por orden alfabético o prefiere agruparlos según el género? ¿Y esa cara? ¿Qué pasa? ¿Que la estantería comulga con la anarquía y  no conoce ningún tipo de orden, no? Contábamos con ello. No se preocupe porque a la mayoría nos pasa lo mismo. Bueno, pues entonces vamos a empezar, por ejemplo, de arriba a abajo, de los que han llegado recientemente a los que ya tienen su hueco fijo entre las baldas. Vaya cogiéndolos uno a uno, quitándoles el polvo con mimo, pasando la mano por encima de sus tapas... No tenga miedo a acariciarlos, ábralos y huela sus páginas. De momento, no lea nada. Espérese y sea paciente. ¿Algún cosquilleo en el estómago? ¿Nada de nada? Vaya, parece que las ascuas estaban bien apagadas. Poco a poco que todavía tenemos tiempo. Vuelva a coger el primer ejemplar de la torre, déle la vuelta y, ahora sí, empiece a leer la contraportada. ¿Recuerda qué es lo que le llevó a comprarlo? ¿Por qué fue éste y no otro? ¿Memoria en blanco? Déjelo entonces en su ‘sitio’ y coja el siguiente. Repita el ritual con al menos diez o quince libros.

Si pasado un buen rato no ha sentido la necesidad imperante de devorar ninguno, es muy posible que se estén dando en su interior dos tipos de sentimientos. Respire tranquilo porque para ambos tenemos un mismo remedio. Primera sensación: está sintiendo unas leves ganas de empezar a leer, pero la intensidad es más bien flojita y termina ganando la batalla la desgana. Cada libro tiene su momento adecuado, si su reloj no está en hora, despídase del título con un hasta luego, pero nunca con un hasta siempre. Segunda sensación: su corazón está literalmente tieso. Se acabó la chispa y no le apetece ni siquiera echarle un ojo a las primeras líneas. Hace tiempo que no acaricia con gusto uno de sus libros y se le ha olvidado aquello de que el roce hace el cariño.

Seis de las librerías más importantes de nuestra ciudad y cinco de nuestros personajes culturales más relevantes nos muestran gustosos algunos de sus títulos favoritos, a pesar de que, como muy bien dice el poeta José Mateos, recomendar un libro sin conocer al lector es casi siempre sinónimo de no acertar. Presentamos once estupendas y variadas recomendaciones para todos los públicos. ¿Se tira a la piscina?

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