Trato y Retrato. Por Rafael Benítez Toledano y José María Bernabé

GONZALO, LA PEPA Y TRACATRÁ

Debe hacer como 20 años que apareció Gonzalo por el Tabanco que yo regentaba en la Calle Muro, frente a la Residencia Militar. En aquel tiempo de bruma tenía en mi incierto negocio un Off Festival –o como se diga- de lo más apañado con Simón el Rubio, Sofía Quarenghi, El Chusco o mis dos gabrieles.Todo aliñado con los guisos de la Pepa y sus recuerdos de bragueta y cerrado.

Gonzalo de Jerez Gonzalo de Jerez

Gonzalo de Jerez / José María Bernabé

La primera vez que lo vi aparecer por el tabanco, con esos ojitos como rendijas y esa boquita de pitiminí, pensé que se había escapado un extra de alguna película de fumanchú de mi infancia, en versión de Carmona Otero. Decir que Gonzalito es un flamenco “sui generis” en un pueblo como Jerez, donde se ganan la vida violinistas suizas, guitarristas ingleses, japoneses a manojitos y hasta algún catalán que otro puede parecer fuera de lugar... si no fuera porque Gonzalo es de Jerez, porque es Gonzalito de Jerez.

Y eso lo supe casi enseguida, en cuanto aparcó el corpachón en un banco, se sirvió una copa y se arrancó por alegrías, fandangos, bulerías y se fue a por la Pepa y tracatrá tracatrá.

El otro día me lo volví a encontrar en la estación de autobuses; iba yo para Arcos y él para Chipiona porque cantaba en Rota. Las combinaciones de viaje de Gonzalo siempre fueron un arcano para mi. No pregunté, pero volví a comprobar que este tío ha hecho un pacto con el diablo; o eso, o es el mejor cliente que hayan tenido jamás Farmatint y Loreal. Así, claro, se arranca por sus cantes buenos de agrado, se va a por la Pepa y tracatrá, tracatrá.

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