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xlix fiesta de la bulería

Gran preludio para el medio siglo

  • David Lagos, Melchora Ortega y Jesús Méndez destacan en una cita en la que el público no respondió Los artistas tuvieron que lidiar con el incómodo viento de levante

Cuando en la programación de cualquier cartel coinciden nombres como los de David Lagos, Jesús Méndez, Mercedes Ruiz, Melchora Ortega, Santiago Lara o David Carpio el resultado, al menos en lo meramente artístico, está garantizado. En efecto, a este nivel, la XLIX Fiesta de la Bulería fue un rotundo éxito. Casi cinco horas de cante, toque y baile de primera categoría que gustaron a un público respetuoso y que disfrutó con algún que otro momento de brillantez de los artistas. "Este sí que es un público bueno, no el de anoche", dijo Mateo Soleá en uno de sus múltiples comentarios sobre el escenario.

Fue bueno pero escaso, porque si en lo artístico esta tercera jornada de la 49 edición resultó interesante, no lo fue así en cuanto a la asistencia que no llegó ni a los mil espectadores.

Pasadas las diez y cuarto de la noche el cuadro 'Arte añejo' aparecía sobre el escenario. Detrás, en la macropantalla contratada para esta edición (en la que al contrario de lo que ha ocurrido siempre, no ha habido indicativo que hiciese referencia a la Fiesta de la Bulería) proyecciones de imágenes de Lola Flores. Con una tanda de bulerías cortas de Jerez, Mateo Soleá, El Gasolina, Diego Vargas, Rosario la Melchora y Benito Peña hicieron voz antes de dejar cada uno de ellos su pincelada individual. Fue precisamente este último quien rompió el hielo con unos martinetes bien ejecutados.

El Gasolina, con la sabia guitarra de El Carbonero (una alegría verle tocar de nuevo en esta fiesta) se arrancó por tientos, que remató con tangos de Jerez, siempre con ese aire tan característico que posee. También se acordó de El Chozas, haciendo por bulerías ese cante que aprendió cara a cara y que maneja con gran soltura y eficiencia. Le despidieron con aplausos, igual que a Rosario La Melchora, con ese gitanísimo quejío al meterse por fiestas.

Poderoso estuvo Mateo Soleá, reivindicativo y locuaz como siempre, "llevo 26 años sin estar en la Fiesta de la Bulería y me voy a jubilar en septiembre", y perfecto de voz al entonar seguiriyas de Manuel Torre y Tío José, que remató "haciendo cambio que ahora me viene a la memoria y que hizo Juan El Lebrijano hace 40 años", y donde Antonio Jero consiguió levantar los aplausos con una de sus falsetas.

En medio de cada aparición, el baile de Tía Yoya, Tía Curra y Antonio Flores, tres pataítas distintas pero con el sello jerezano. El sello también lo puso Diego Vargas, cuya carrera artística estuvo durante años ligada a Lola Flores. "Yo ya no estoy para muchos trotes, pero lo que hago, lo hago con el alma", dijo tras dejar varias letras por bulerías de mucho arte, porque Diego tiene arte hasta para colocarse el pañuelo al cuello, y recordar por cuplé a Lola con 'Nacer en Jerez', el poema de Antonio Gallardo.

El cuadro, que se extendió durante más de una hora encima del escenario (quizás excesivo), lo cerró Pepe de Joaquina, un artista muy completo (se canta y se baila) y que se apoya siempre en la bulería por cuplé para mostrar lo mejor de sí. Su versión de aquel tema que popularizó Lolita ('Sí, pero no') le hizo conectar con el público.

Con el levante arreciando, David Lagos, con chaqueta y corbata negra y camisa blanca, compareció por la escena acompañado por la guitarra de Juan Requena. Antes felicitó a los jóvenes de Jerez que actuaron el jueves "que demuestra que hay cantera". Si algo tiene este cantaor, al margen de una profesionalidad llevada al extremo, es su continua transformación, y un inconformismo que le lleva a adentrarse en cantes que a veces, como no sea en el baile, cuesta escucharlos. Por eso mismo, y porque encima los ejecuta a la perfección, da gusto verle. Arriesgó con la caña, preciosa, y con un cante por marianas "que he arreglado de un cantaor de Jerez, el Garrido de Jerez", a compás de tangos, con cuyas letras recordó a Lola. El público entendió su discurso y se puso en pie.

Del ritmo de los tangos a la libertad de la minera, otro palo que domina y donde tuvo que lidiar también con el molesto viento. Mejor estuvo en las cantiñas y puso el colofón por bulerías, un poquito aceleradas, pero que el público supo reconocerle, sobre todo por esa variedad de letras, muchas de cuño propio, que utiliza. Pero David Lagos no es David Lagos si no hay compromiso por medio. Y si le dicen que hay que homenajear a Lola, no se conforma con rescatar dos letras, sino que se preocupa por hacer algo diferente. Así fue, y con Melchora Ortega ensayó una rumba en la que intentó hacer un guiño a la Faraona como si de ella y el Pescailla se tratase.

Con la guitarra en mano, y arropado por el resto de músicos (Javier Peña, Diego Montoya y Perico Navarro, a los que se sumó Santiago Lara) apareció Melchora Ortega, vivaz y enérgica, para formar el lío. Todo un ejemplo de cómo hay que hacer las cosas. Fue uno de los momentos de la noche y un punto de inflexión importante.

Con la llama ya encendida, Melchora Ortega tomó el testigo. Agradecida por volver a la Fiesta de la Bulería tras 19 años de ausencia, la jerezana dedicó su actuación "a mis padres y a mi tata, que no puede verme fuera", y acto seguido se metió por tangos acompañada por Santiago Lara, uno de los guitarristas más completos del panorama actual porque su nivel es altísimo acompañando, arropando el baile o como concertista.

Como pez en el agua se mueve Melchora por tangos, sobre todo con aires de Jerez, igual que por seguiriyas, el siguiente cante a interpretar y, como ella misma reconoció "el que más me gusta". Conoce bien los estilos y les imprime su firma, como demostró por fandangos. Sólo tres le bastaron para meterse al público en el bolsillo que la despidió en pie tras cantar por bulerías. Descalza, la jerezana realizó su particular homenaje no sólo a Lola, sino que recordó a Caracol con letras de La Salvaora por bulerías, la Niña de los Peines o Isabelita de Jerez, siempre sobrada de compás e intercalando sus pinceladas con pataítas de gracia.

El baile de la noche también llevaba la marca Jerez, la de Mercedes Ruiz, que recordó a La Faraona con su voz en off recitando sobre los acordes de Santiago Lara. Ella, mientras, esperaba posando en medio de la penumbra.

Mercedes ha adquirido en los últimos años una estética teatral que ya forma parte de su baile. Y así, de una manera más visual, encaró su vuelta a La Bulería, algo que se agradece, no sólo porque se sale del típico baile interminable de antaño sino porque da caché y seriedad al flamenco en sí. A esa manera contribuyeron la guitarra de Santiago Lara, esta vez acoplándose al baile, y un David Carpio colosal interpretando, primero el pregón del Uvero y luego el pregón del frutero que popularizó Vallejo, pero sobre todo engrandeciendo las alegrías con un metal limpio, punzante y preciso.

Mercedes enamoró en el silencio con las castañueñas, y se ganó al gentío por soleá, cargadas de fuerza y vitalidad. No podemos pasar por alto la soleá de Triana que se marcó David Carpio, una misiva con la que dejaba claro que está a la altura de los mejores y que pide a gritos su sitio en solitario en las grandes plazas.

Habían pasado ya cuatro horas de espectáculo, y eso, en una sociedad como la actual pasa factura. Por eso, parte del público empezaba a desfilar sin ni siquiera escuchar al último protagonista de la noche, Jesús Méndez. Señorial como siempre, el jerezano apareció en la escena a eso de las dos de la mañana. Junto a él, Diego del Morao, y las palmas de Juan Diego Valencia, Manuel Salado y Diego Montoya.

Se deja la piel Jesús cada vez que canta en Jerez y esta vez no fue una excepción. Muchos esperaban impacientes verle actuar y otros esperaban, con móvil en mano, cerca del escenario para inmortalizar el momento. No defraudó. Fue nada más abrir la boca y silenciarse por completo la Alameda Vieja.

Soleá por bulería para empezar, con un dominio aplastante, para seguir por tientos-tangos y rematar por seguiriyas. La guitarra de Diego del Morao lo llevó en volandas y recibió los aplausos en algunas de sus facetas. Toca con una suficiencia arrolladora y eso se nota.

Ronda de fandangos chocolateros y bulerías en las que estuvo sensacional, sobre todo cuando, sin microfonía, nos recordó a Caracol y La Chati. Echamos de menos algo diferente, porque el discurso de Jesús empieza a ser, al menos cuando se le ve a menudo, un tanto repetitivo. A veces es bueno renovarse.

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