Lectores sin remedio por Ramón Clavijo y José López Romero

Sáhara

Afinales de 1975 el puerto de Cádiz fue lugar de atraque de muchos barcos de la Armada atestados de tropas y pertrechos procedentes del Sahara. Yo iniciaba por entonces mis estudios en el colegio universitario de Filosofía y Letras de la vecina ciudad, y algunas tardes gustaba de acercarme a los muelles y sumergirme en el bullicioso corazón y razón de ser de esa ciudad portuaria. Hoy el trasiego del puerto gaditano no es el mismo -salvo los días en que atraca algún mastodóntico crucero- y nada nos hace recordar hoy en estos muelles aquellos meses del 75 en los que el país vivió acontecimientos decisivos para su historia. Uno de ellos, la nunca aclarada del todo salida española del Sahara. La bibliografía existente sobre ello, parece darnos la razón en cuanto al desinterés sobre aquellos acontecimientos, algo por otro lado tampoco novedoso, pues poco se ha escrito sobre los procesos descolonizadores de España en sus territorios africanos (Guinea, N. de Marruecos, Sahara...), y quizás algo tenga que ver en ello el hecho de que el papel de nuestro país en los mismos no fue ciertamente airoso. Sobre el Sahara, Concha Molla escribía un interesante artículo buceando entre la escasa bibliografía a la que se puede remitir al lector interesado en el Sahara colonial y poscolonial, y curiosamente nos señalaba como eran de destacar más obras de ficción que estudios históricos sobre el tema. El imperio del desierto de Ramón Mayrata, El médico de Ifni de Javier Reverte o Mira si yo te querré de Luis Leante (premio Alfaguara, 2007), son ejemplos de ello. Entre los de no ficción quizás destacar La historia prohibida del Sahara (Destino) de Tomás Barbulo y poco más. Ahora la publicación del catedrático de Hª Contemporánea de la Universidad Juan Carlos I, José Luis Rodríguez Jiménez, Agonía, Traición, Huida: el final del Sahara español (Edit. Critica), intenta llenar el vacío y desconocimiento sobre lo sucedido en aquellos meses de finales de 1975, unos meses en los que un joven universitario observaba perplejo en los muelles de Cádiz, el incesante atraque de barcos de la Armada procedentes del Sahara. 

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