rodrigo cortés. director de cine

"Twitter es completamente inservible, y eso es lo que me resulta tan atractivo"

  • El autor de 'Concursante' y 'Buried' presenta su libro 'A las 3 son las 2', donde reúne centenares de microtextos suyos de la red social, su "laboratorio pseudoliterario"

En 2010, cuando estaba promocionando Buried, la película con la que captó la atención de esa poderosa entelequia llamada Hollywood, Rodrigo Cortés abrió una cuenta en Twitter. Warner le pidió que lo hiciera y lo hizo, o lo intentó, "porque era incapaz de usarla como hombre-anuncio". "No es que me negara, sino que no sabía hacerlo. Y muy pronto empecé a divertirme. Fingía que una entidad extraterrestre me poseía y quien tuiteaba durante un día entero era esa entidad. Cosas así. Se convirtió en un laboratorio pseudoliterario donde ejercitaba píldoras, pellizcos de diálogos, bombas de mano, antiaforismos y otras materias sobrantes".

Varios centenares de sus tuits los recoge ahora A las 3 son las 2, un pequeño libro publicado por la editorial Delirio, que es justamente como Cortés (Pazos Hermos, Orense, 1973) prefiere llamar a esos textos de no más de 140 caracteres en los que filtra su mirada a las cosas, normalmente "en momentos de espera". "Si Steve Jobs fundara una secta, ya tendría dos". "Sí importa el modo en que un hombre se hunde". "Si hubiéramos estado en la luna, se sabría". Son tres de esos "delirios" seleccionados, que concentran los rasgos de esa mirada entre el absurdo, la paradoja y la observación, y también crítica, pero no en el sentido del pundonor tertuliano de los comentaristas de las noticias que suelen amontonarse pidiendo la vez en cualquier timeline.

"Yo no tengo Facebook y a Twitter llegué obligado", dice. "No tenía claro para qué servían las redes sociales y cuanto más me lo explicaban, menos. Y si bien en un inicio desconocía si eran inútiles o no, ahora ya con la experiencia puedo certificar sin ninguna duda que lo es: es completamente inútil. No se traduce en venta de entradas o de libros. Es completamente inservible, y eso es lo que me resulta tan atractivo, por otro lado. Esa sensación de escribir con total impunidad. A veces ni siquiera tienes la sensación de que haya un lector al otro lado, y cuando ves el número de followers, y ves que son 40.000 y pico, en el fondo se hace todo más fácil, porque es como cuando hablas en público, que es más sencillo ante 2.000 personas que ante tres porque no ves a nadie en concreto".

En el mundo están las personas que se comen la cabeza y las que dicen no hacerlo nunca. Esto a lo mejor no es del todo así, pero Cortés es de los primeros. Además de locuaz y preciso en su charla de un modo tal que hace pensar en un afán de perfeccionismo casi exacerbado. Su editor lo confirma: "Después de 300 revisiones, y no exagero: 300, te llama a las tres de la mañana para decirte que hay que cambiar el orden de un texto, y tú qué le dices; le dices: vale, Rodri", cuenta entre risas Fabio de la Flor mientras Cortés está con el fotógrafo en otro lado. Ambos irán hoy a las 20:00 a la librería Birlibirloque (Amor de Dios, 17) con la poeta Carmen Camacho para presentar en Sevilla el libro, tras el acto celebrado ayer en Fnac.

"El gran beneficio de Twitter para la civilización occidental es que ha conseguido encauzar esa tendencia natural del ser humano a fotografiar sus capuchinos", ironiza sobre el uso de Twitter que hacen los demás, una vez conocido el suyo. "Al fin se ha encauzado eso bien, hombre... No, a ver, hay quien habla de la naturaleza de sus siestas, de cómo será su próximo concierto, hay quien habla de la última medida del Gobierno que lo hace, a él, solidario. En general lo usamos de una forma u otra para proyectar una imagen determinada, pero lo interesante de Twitter es que lo que refleja de verdad, de forma inevitable, es el inconsciente de cada uno. Su carácter fragmentario hace que uno acabe exhibiéndose, quiera o no, y vuelca lo que es, y lo que ni siquiera sabe que es, y lo que quisiera ocultar que es... En ese sentido, es una herramienta peligrosa".

El también director de Luces rojas o Concursante ha dicho en alguna ocasión que esta recopilación de microtextos es, de todo lo que ha hecho, lo que más se parece a él. Lo que incluye, obviamente, sus películas. ¿Es frustrante, para alguien de carácter tan puntilloso, no poder tener tanto control sobre una película como sobre un texto? "Bueno, yo he tenido la fortuna hasta ahora de rodar con mucha libertad", contesta. "En realidad lo que intentaba decir es que cuando haces una película, eliges un universo concreto y limitado, unos personajes concretos con unas psicologías determinadas, y en el mejor de los casos la película se parece a ti en la medida en que ese mundo resuena con el tuyo. Mientras que el libro recoge todas las caras del poliedro que uno es: la parte más divertida, la más estúpida, la más payasa, la más grave, hasta la más prescindible...".

A un director español, que además ha tenido éxito y rueda en el extranjero o con el apoyo del mismo, se le pregunta por el estado del cine español. Lo de siempre. Comprensible, hasta inevitable. A él, educadamente, le cansa, o le aburre. "Procuro eludir la presión de tener una opinión sobre absolutamente todo, y en el acto además; de hecho, es una de las cosas que menos me gustan de Twitter. Por otro lado, tiendo a creer por encima de todo en la responsabilidad individual. Que cada uno se haga cargo de sus decisiones y de las consecuencias de éstas. Suelo dedicar poco tiempo a discutir el tablero; es el que es y en general dedico más tiempo a tratar de encontrar la mejor jugada posible según mi posición en él. No sé cómo ha sonado. Mañana lo sabremos", dice una vez que se quita la pregunta de encima.

De proyectos tampoco habla mucho, nada. "Hace falta tanta energía para materializar algo que no es sino una improbabilidad estadística, que más vale reservarla, concentrarla en un solo punto y no diseminarla antes de que exista". Y además, añade, "si le cuentas a todo el mundo el musical que estás preparando con Pacino y luego Pacino no viene y no haces un musical sino una película de señoras en una mesa camilla en la posguerra lo único que te van a preguntar durante diez años es qué paso con aquel proyecto de Pacino: ¿tú no ibas a hacer un musical?".

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