El observador desapegado

Amigos de paso | Crítica

Acantilado da a conocer otra de las novelas autobiográficas de Christopher Isherwood, formada por cuatro historias casi independientes que abarcan doce años de su vida

Christopher Isherwood (1904-1986).

La ficha

Amigos de paso. Christopher Isherwood. Trad. María Belmonte. Acantilado. Barcelona, 2025. 384 páginas. 26 euros

Conocíamos desde hace mucho la más famosa de las novelas de Christopher Isherwood, Adiós a Berlín, originalmente publicada en 1939 y traducida por Jaime Gil de Biedma en 1967, que tuvo una difusión aún mayor a través de sus adaptaciones teatrales o cinematográficas en Soy una cámara y el musical Cabaret, pero gracias a Acantilado estamos accediendo a otras que permiten hacerse una idea más precisa de su trayectoria, muy apegada siempre a la vivencia autobiográfica. La que ahora conocemos, Down There on a Visit (1962) –de nuevo en pulcra traducción de María Belmonte, que la titula Amigos de paso– es inmediatamente anterior a Un hombre soltero (1964), su predecesora en el catálago, y corresponde por lo tanto a la última etapa de su itinerario, pero de hecho vuelve la mirada a los años de anteguerra que fueron para Isherwood, inglés del tipo errante, poco apegado a la tradición británica, los previos a su definitiva residencia en los Estados Unidos, donde se instaló en 1939 y cuya nacionalidad adoptó en el 46. El joven Chris había vivido cinco años en la efervescente capital alemana del crepúsculo de Weimar –donde transcurre, además de la primera novela mencionada, El señor Norris cambia de tren (1935)– y pudo presenciar sobre el terreno el ascenso del nazismo. Cuando Hitler y los suyos llegaron al poder, supo que era el momento de poner tierra de por medio.

Los otros le sirven al narrador, distanciado de sí mismo, para definirse por contraste

De modo más o menos expreso, toda la obra de Isherwood remite a su biografía y en ese sentido podría considerarse que explora el territorio de la hoy llamada autoficción, pero sus virtudes tienen que ver con su escritura, coloquial, sin adornos, acogida a un procedimiento objetivista por el que el narrador se distancia aparentemente de sí mismo para dirigir el foco a los otros, antagonistas que le sirven para definirse por contraste. Esos otros, en las cuatro historias que conforman Amigos de paso, cubriendo doce años de la vida del escritor, son el señor Lancaster de la primera, que transcurre en el Berlín de 1928, un burgués convencional que representa todo lo que aquel quiere dejar atrás, en su libre exploración de la vida licenciosa. El extravagante Ambrose, personaje basado en el arqueólogo Francis Turville-Petre, abiertamente gay, a quien su amigo Isherwood –también lo era de Auden, había coincidido con ambos en Berlín– visita en su exilio griego, en 1933, en la isla que le sirve de refugio. El ambiguo Waldemar, al que reencuentra en Londres, en 1938, intentando aprovechar su relación con una joven inglesa para huir de Alemania. Y el prostituto estadounidense Paul, de quien habla cuando ya se ha instalado en California, en 1940, y descubre la filosofía india, a través de un personaje, Augustus Parr, inspirado en Gerald Heard, su introductor en el hinduismo. Son episodios independientes pero interconectados, en los que no es difícil ver, también, un retrato generacional, marcado por la sentimentalidad homoerótica que se afirma de manera clara, sin adherencias morales.

Es la voz narrativa lo que le da unidad al conjunto. El hombre que observa y describe, en párrafos evocadores o a través de vivísimos diálogos, ejerce en efecto de visitante, de “turista hasta la médula”, como lo define Paul, antes de soltarle la frase que justifica el título original de la novela: “Apuesto a que vives mandando postales en las que pones: ‘Aquí estoy, de visita…’, esa es la historia de tu vida”. La cualidad de observador descomprometido y una especie de frialdad emocional, en el fondo muy británica, caracteriza en general la literatura de Isherwood, que convirtió esa forma de desapego en un rasgo de estilo, pero quizá en estas historias encontramos a un narrador menos frío e impasible, que con la edad no se coloca tan al margen de lo que cuenta. Y acaso también más desencantado, más consciente –desde el presente de la escritura, que no es el de la narración– de la vulnerabilidad que implica la disidencia, la elección de los amores proscritos. Lo que permanece, como marca reconocible, es la inteligencia de la mirada y la precisión de la prosa, su finísima ironía. Una lucidez que nunca condesciende al lamento.

W. H. Auden y Christopher Isherwood en 1937.

Un hombre fatal

El cuarto de los amigos de paso, Paul, también presente con su nombre verdadero en los diarios de Isherwood, está inspirado en un personaje real aunque ciertamente novelesco, el reputado gigoló Denham Fouts, acompañante de celebridades y retratado por otros escritores como Truman Capote o Gore Vidal, no sólo apuesto sino divertido y dotado de un encanto irresistible –de ahí la irónica calificación de homme fatal, debida al último de los citados– que también atraía a las mujeres. A Isherwood, precisamente, que mantuvo con Fouts una amistad genuina, no relacionada con el comercio, se debe la definición de Denny como “el prostituto más caro del mundo” que daba título a la reciente biografía novelada del joven escritor jerezano Alejandro Gago, editada por Juan Bonilla para Zut y publicada por la desaparecida colección Vidas Térmicas en 2023. Escrito en una primera persona tan desinhibida como verosímil, el libro se nutre de esos y otros testimonios y recreaciones –recogidos en Best Kept Boy in the World (2014) de Arthur Vanderbilt– para reconstruir con fluidez la trayectoria del seductor profesional, que dejó tras de sí una brillante carrera como mantenido (kept boy) antes de morir trágicamente en Roma. Tenía sólo 34 años y su fallecimiento prematuro no hizo sino agrandar su leyenda.

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