Los muy buenos espacios creativos de la pintura
Diario de las Artes
Isabel Ortuño | Galería Espacio Abierto Jerez
La pintura figurativa moderna goza de una serie de esquemas que se apartan diametralmente de los supuestos que marcaban los postulados de la tradición. Las viejas posiciones de una figuración basada, exclusivamente, en una escenificación de la realidad puesta en práctica desde unos virtuosismos pictóricos a los que se otorgaba el máximo estamento, es práctica casi en desuso o sólo patrimonio de los que poco tienen que decir y buscan epidérmicos planteamientos. Hoy existe una nueva naturaleza figurativa en el que, tras los planteamientos técnicos -que se mantienen, son necesarios y sirven de poderosa apoyatura-, se manifiesta un amplísimo organismo creativo que abre las infinitas posibilidades de un contundente discurso artístico. Por eso, en este amplio apartado de pintura representativa conviven, en absoluto régimen de igualdad, todos aquellos desarrollos pictóricos que presentan a la figura, al paisaje o a cuantos elementos tengan a lo real como postulado ilustrativo.
Isabel Ortuño es artista de amplio espectro dentro de una figuración exultante. Lo lleva demostrando desde hace tiempo. Siente la pintura como algo de extensos perfiles, no como espacios de mínimas superficies. Por eso, sabe afrontar muchas circunstancias con solvencia, sin restricciones, con sensatas decisiones y abriendo los esquemas de una pintura a la que ella ofrece un apasionado discurso creativo. La hemos visto en escenarios representativos de diferentes fórmulas, con estamentos pictóricos de dispar argumentación plástica. Sabe muy bien posicionarse en los difíciles segmentos de la acuarela, en los expresivos gestos que potencian la expresión en detrimento del asunto representado; acierta con los ambientes paisajísticos a los que otorga un especial tratamiento pictórico, bien sustrayendo concreciones, bien sumando localizaciones expresivas; se siente muy bien en perfiles que rozan la abstracción esencial y evocadora pero, también, cuando el relato describe con absoluta contundencia representaciones fehacientes de lo que acontece en un entorno inmediato.
La galería que dirige Lucía Franco vuelve a plantear esquemas de resuelta artisticidad y sentido creativo y es de claro convencimiento que lo artístico tiene muchos caminos y rutas por donde circular convencidos, bien dispuestos, con grandes argumentos y con horizontes muy bien definidos. Ya podemos llamar galería a un espacio expositivo que ha adquirido la mayoría de edad con muestras continuadas que acercan a la inmensa mayoría un arte abierto, lleno de intensidad creativa, módulos de amplísima ejecución pictórica y, sobre todo, con apoyo resuelto y desmedido hacia los más jóvenes o hacia aquellos que no tienen espacios para canalizar su trabajo. La obra de Isabel Ortuño, que ya ocupó los espacios de la calle Alvar López, de nuevo nos viene a situar en una pintura bien construida, constituida con la solvencia y el rigor de lo que se hace con soltura, convencimiento y decisión. Porque la obra de la artista jerezana -nacida en Antequera pero de Jerez de toda la vida- nos lleva por los parámetros de una pintura profunda, con muy buenos desarrollos plásticos y estéticos, con una dimensión creativa bien sustentada, con los registros figurativos planteados con soltura, con la realidad propuesta en posiciones de amplias circunstancias pictóricas, con la representación bien ejecutada desde unas playas y su fauna urbana, con un paisaje suscrito con mínimos que llegan a máximos y con una formulación donde lo real adopta muchas sabias y juiciosas posiciones.
Siento una predilección especial por la pintura de Isabel Ortuño. Ella es pintora humilde que sabe muy bien por donde transcurre la realidad buena que ella quiere hacer llegar; pintora sin alharacas, consciente de lo que es y lo que desea y con muchísimo que aportar. En su obra se adivina los muy buenos gestos de lo que es la realidad pictórica; espacios bien construidos que se yuxtaponen a campos vacíos que suscriben interesantes procesos creativos bien desarrollados desde el conocimiento y la seriedad pictórica. En los cuadros de Isabel Ortuño se adivina un compacto juego pictórico, una solvencia creativa que abre las perspectivas para pensar que nos encontramos en los entramados artísticos de una pintora con muchísima soltura y que abre las perspectivas de una pintura buena en fondo y forma.
Isabel Ortuño se nos vuelve a convencer porque ella está convencida y nos sitúa en ese estado de inmensa emoción hacia una pintura donde el orden es fundamental y que nos lleva hacia los estamentos de una pintora consciente de lo que tiene entre manos, con la pasión entusiasta de la que siente verdadero amor hacia la creación.
De nuevo el Espacio Abierto dirigido por Lucía Franco se llena de intensidad pictórica, de muy buenos argumentarios artísticos; esos que provienen de una pintura feliz que hace renacer el placer auténtico por un buen proceso artístico lleno de interés y emoción.
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