XX Congreso de la Fundación Bonald

De impudicia, preguntas que nunca se hicieron y el auxilio de la literatura

  • Manuel Vilas y Jordi Gracia abren el Congreso de la Bonald con una conversación sobre el origen y los efectos de la novela ‘Ordesa’

Manuel Vilas y Jordi Gracia, durante su intervención este miércoles. Manuel Vilas y Jordi Gracia, durante su intervención este miércoles.

Manuel Vilas y Jordi Gracia, durante su intervención este miércoles. / Vanesa Lobo (jerez)

Una excelente conversación entre los escritores Manuel Vilas y Jordi Gracia sobre ‘La ficción desnuda’ abrió este miércoles el programa del XX Congreso de la Fundación Caballero Bonald. Después, claro, de la presentación oficial por parte del teniente de alcaldesa de Urbanismo, Dinamización Cultural, Patrimonio y Seguridad, Francisco Camas, la delegada territorial de la Consejería de Educación, Remedios Palma; el director general de Innovación Cultural y del Libro de la Consejería de Cultura, Antonio José Lucas, y el gerente de la Fundación Caballero Bonald, José María Pérez.

Una charla sin pudor, como bien caracteriza a Gracia, y que muchos otros autores desearían hacer con tanto desparpajo y, sobre todo, con tanto saber literario. Preguntaba Jordi y respondía Manuel sobre el último título de Vilas, ‘Ordesa’ (Alfaguara). “Si trato de reflexionar sobre lo que he escrito, hay una fórmula que me gusta para describirla: una novela de contenido autobiográfico donde no hay ficción pero están todos los artificios literarios”, dijo el autor, que retrata en esta obra la vida de sus padres, “y he tratado de que sea de la manera más efectiva en la que no hay más que el deseo de explicar el amor que yo sentía hacia ellos. Hay una naturaleza moral”.

Un momento de la presentación oficial. Un momento de la presentación oficial.

Un momento de la presentación oficial. / Vanesa Lobo (Jerez)

Una composición musical, una intención sonora, y es que el narrador no nombra a los personajes, sino que apela a ellos a través de nombres de compositores. “Ahí sí que me voy hacia la ficción cuando escurro el bulto de nombrarlos”, dice. Una obra que provoca que el propio lector hable de su padres, “que me hable de ellos y eso me parece fascinante, me da tranquilidad moral porque el lector pone a sus padres ahí y pone en esta historia a su propia familia”.

“La verdad, Manuel, y sin ofenderte, pero a mí la vida de tus padres me importa poco, lo que me importa aquí es la vida del narrador. Te honra cómo lo cuentas todo, porque nos ha interesado más tu voz narrativa que la vida de los protagonistas”, le alabó Gracia. “Te ha salido un libro sin querer”, le bromeó Gracia, a lo que respondí Vilas entre risas que si es así “yo me suicido”.

Los padres de Vilas eran un frikis. “Mi padre, por ejemplo, sólo aparcaba si encontraba sombra. Así lo sufrimos toda la infancia. Algo que descubrí que también le ocurría a gran parte de mis lectores, como en muchos otros capítulos, un reflejo de una España, de una época”, cuenta.

Los enigmas del pasado, de aquello que no preguntó cuando estaban vivos sus padres, es el eje de la novela, de interrogar a los muertos cuando ya no están y que auxilia en la literatura. “Sí, porque el narrador aquí es un adicto al pasado, lo necesita ya y ahora”, le dice Gracia. Un narrador que es hiperbólico a veces con cuestiones como la educación u otros aspectos sociales, “con el deseo de vencer el ruido para que algo sea escuchado”, confiesa Vilas.

Pero, sobre todo, es una obra basada en el amor, “si no lo hubiera en ella no la habría escrito, igual que ningún otro libro. Tenía que comprender las vidas de quienes me habían traído a este mundo. Hay desesperanzas pero al final hay un gran sí a la vida. Un homenaje a ellos”, confiesa el creador.

Un reencuentro con su pasado y sus fantasmas queridos. “Un impudor virtuoso, que se sostiene porque hay vitalidad y amor y una virtud”, añadió Gracia. “¡Así que te ha salido una novela social. Y estoy muy feliz!”, le agradece Gracia. “Pues entonces, ya no me suicido”, Vilas dixit.

Mesa redonda que cerró la jornada. Mesa redonda que cerró la jornada.

Mesa redonda que cerró la jornada. / Manuel Aranda (Jerez)

Hombres, los dos, que creen, como todos los presentes, en la utilidad de la literatura, “aunque hay gente que no porque ahora parece que está de moda pensarlo, algo que nos va llevar a la ruina. Así que su apelativo social me hace sentir feliz”, dice Vilas. “La verdad –dicen sus páginas– es lo más interesante de la literatura. Decir todo cuanto nos ha pasado mientras hemos estado vivos. No contar la vida, sino la verdad”.

La jornada la cerró una mesa redonda con Carlos Pardo, Cristina Fallarás y Natalia Carrero, bajo el título ‘La dimensión política de la materia autobiografía bajo sospecha’. Moderó Carmen Moreno.

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