Cultura

Un currante con oficio

  • Rosendo no falla ni una y ofrece en Jerez un concierto profesional a un público en el que había de todo

Rosendo, durante su actuación. Rosendo, durante su actuación.

Rosendo, durante su actuación. / Vanesa Lobo

Si Rosendo es un tipo admirado en este país, o en la parte de este país que merece la pena, es porque es un profesional como la copa de un pino. Es un currante de lo suyo. Y lo suyo es el rocanrol. No se lo toma ni de forma trascendente ni a cachondeo. Es un oficio. Su oficio. Y cuando un obrero es bueno en su oficio, ya quedan pocos, uno se quita el sombrero. No hay que admirar su arte prodigioso porque nunca lo tuvo ni nunca alardeó de ello. Consiguió siempre con unos pocos acordes que la gente pasara un buen rato y se admirara de que si alguien paga una entrada merece entrega. Y él da eso. No puede defraudar a gente que se ha gastado un dinero por verle porque en su ideario se supone que el dinero no te sobra. Si el dinero te sobrara no irías a verle. Para qué. Ir a ver a Rosendo no es para hacer ningún paripé. Un burgués tranquilo en su casa no va a ver a Rosendo, aunque hay burgueses intranquilos que sí van a verle. Rosendo, desde luego, no es burgués por carácter. Es el más majo de los macarras.

Jerez recibió anoche como merece que sea recibido un currante que ha decidido que pasa a las clases pasivas. Se jubila. No fue un concierto apoteósico, vale, porque quizá ningún concierto de Rosendo sea apoteósico. Pero es como el Atleti. La camiseta rojiblanca es un mono de trabajo. Y a partir de ahí un tipo con 64 tacos va y se lo curra, se curra al público. Y el público, numeroso, incluso más de lo esperado, pese a que ayer tenía a unos pocos metros a una it girl, sea lo que sea eso, llamada Brisa Fenoy, no abandonó a la leyenda. Las leyenda estuvo arropada en su rock directo. No hablamos de un concierto multitudinario, hablamos de un concierto, no hay tantos, en los que el artista es respetado. Respeto. Qué bonita palabra cuando uno enfila la jubilación.

Sabiéndose divo, qué le va a hacer, tiró del repertorio. Déjame que pose para ti, prometo estarte agradecido. Este tío tiene esas cosas. Si yo fuera capaz de tenerte una vez entretenido. Un personaje que no se cree nada de sí mismo, con una humildad que insulta, es capaz que la gente coree casi una decena de sus canciones. Y te encuentras a punkies, neo punkies (que punkies ya no hay menos los Txuminos Imberbes), escuchando los salmos de Carabanchel como los hebreos del Antiguo Testamento. Ok, dimos con la clave. Rosendo es el Antiguo Testamento.

Y habría y habrá mil cosas más a lo largo de este verano. Habrá festivales con dinero mexicano con figuras remundiales a cien euros la velada, pero el Primavera Trompetera tenía algo que no se compra y es la honestidad más absoluta sobre el escenario. Sonando con la perfección de un santo laico y con la parroquia cantando sus homilías. Esto acabó como tenía que acabar, la población rendida: te busco y estás ausente, voy aprendiendo el oficio, olvidando el porvenir, me quejo solo de vicio. Así sonó orgulloso mientras el Atleti levantaba la copa. Orgullo de Madrid de barrio, orgullo de gran ciudad de barrio, orgullo de barrio. Entre tanta mierda, este tío es un orgullo para este país. No sé si estoy en lo cierto, lo cierto es que estoy aquí, otros por menos se han muerto. Maneras de vivir. No es un genio, ni de lejos. Es un hombre. Un hombre honesto que hace muy bien su trabajo. Si es que no nos quejamos de vicio... Rosendo es muy antiguo, pero cómo le necesitamos. Ayer un tipo de 30 años me dijo que no conocía a Rosendo. Bien, me dije, nos vamos al carajo.

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