Bodegas

Un homenaje a las voces tan lejanas, pero tan cerca, del jerez

  • Fátima Ruiz de Lassaletta presenta su quinto libro sobre la influencia gala en la expansión del jerez desde el siglo XVIII a mediados del XX

Presentación del libro de Fátima Ruiz de Lassaletta.

Presentación del libro de Fátima Ruiz de Lassaletta. / Pascual (Jerez)

Fátima Ruiz de Lassaletta ha presentado su quinto título sobre el jerez y Jerez: ‘Franceses en la expansión del jerez. La viña y el potro, los criamos nosotros’ (PeripeciasLibros), con prólogo de Álvaro Domecq Romero y prefacio de Javier Maldonado Rosso. La presentación tuvo lugar días atrás en la Bodega San Ginés del Consejo Regulador y en el acto, además de la autora del libro, intervinieron César Saldaña, presidente del Consejo Regulador; Antonio Aguayo, de PeripeciasLibros; y Javier Maldonado, director de la colección Cultura del Vino.

La obra ofrece medio centenar de ilustraciones de fotos de documentos del Archivo Lassaletta Pemartín, y de edificios y retratos de las casas y personajes bodegueros. Este título ha supuesto para su autora “la posibilidad de seguir investigando sobre el vino de Jerez y poner en valor la influencia de los franceses en el jerez”. 

La obra está divida en tres partes. En la primera hace una exposición de los apellidos de origen de El Bearne (sur de Francia) que ser establecieron en el negocio del jerez a partir de Juan Haurie Nobout, que fue el origen de la casa Domecq. También hace referencia a los antepasados de los Laborde y Lacoste, así como de los Pemartín, que influyeron en aquella época de la consolidación del gremio de la vinatería y nuevas formas de comercializar el jerez. Trae a la trama de la historia otros apellidos bearneses o navarros como Beigbeder, Isasi Vignalet, Lacave, Vergara Lassaletta... hasta 20 personajes que dan voz al relato. Un grupo tan primordial para el Marco del Jerez y su actividad vitivinícola en los siglos XVIII y XIX y sus descendientes en la pasada centuria.

La segunda parte es una detallada y documentada historia amable de la saga Domecq y la tercera la inicia en la Exposición Iberoamericana de Sevilla de 1929, pasando por el campo ganadero andaluz, por la guerra (in)civil y por la historia de su propia familia Pemartín, también bodegueros de 1818.

La obra concluye con un epílogo autobiográfico y de homenaje a Álvaro Domecq Díez, quien apoyó a su hijo Álvaro Domecq Romero siempre en su dedicación al caballo a la fundación hoy de la Real Escuela Andaluza del Arte Ecuestre, y a la conservación por ende del Recreo de las Cadenas, que construyó Pemartín Laborde en 1860-8.

En la presentación de su nuevo trabajo, Lassaletta hizo un homenaje a la memoria de esos 20 personajes que dan voz al relato, tras el cual, habló de sí misma. De esa mujer de 18 años que renunció a su vocación periodística y entra a formar parte el sector del vino. Cuando oficiaba de cicerone, por ejemplo, para el director de Harveys of Bristol I y su esposa; la misma mujer que 45 años después entra "con resistencia" a esta misma bodega en La Atalaya, donde se topa con el retrato de su retatarabuela, Victoria Lacoste-Laborde, obra que estaba en venta y que ella se apresura a comprar. Fue ella quien le inspiró a escribir este título.

La autora tuvo palabras de agradecimiento para todas las personas que han colaborado con ella en este libro, al Consejo Regulador, a la editorial PeripeciasLibros, a Javier Maldonado, a su sobrina María Arcas por sus correcciones, a Liliane Bardet por convocarla a 15 vendimias francesas, a Álvaro Domecq y al presidente emérito de la Academia San Dionisio Francisco Fernández García-Figueras. Y, por supuesto, a "la labor impagable" de Shakespeare, "por incluirnos repetidas veces en sus obras".

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