Los muchos matices de una exposición conmemorativa
Diario de las Artes
‘ELLE, 75 años al lado de la mujer’
Museo de Artes y Costumbres Populares. SEVILLA
No es habitual que una exposición cuyo centro de interés sea una revista dedicada a los amplios postulados que intervienen en el universo femenino sea protagonista de una página de crítica de arte contemporáneo. Sin embargo, como el arte más inmediato sabe acoger en su seno lo más inesperado, en los últimos años, hemos podido asistir, en espacios artísticos de especial significación, a muestras de hondo calado sobre la realidad de la moda y de sus importantes modistos.
Son míticas las exposiciones de Cristóbal Balenciaga, Karl Lagerfeld, Martin Margiela, la de Los Locos Años Veinte del Museo Guggenheim de Bilbao o, incluso, la de los 25 años de Vittorio y Lucchino en el CAAC de Sevilla, por citar sólo algunas. En este sentido, una de las revistas más importantes dedicadas a los amplísimos intereses del universo femenino es ELLE, que, ya ha cumplido, setenta y cinco años. Con tal motivo, en el Museo de Artes y Costumbres Populares de Sevilla – Plaza de América en los medios del Parque de María Luisa - se lleva mostrando, desde el mes de octubre, la exposición “ELLE, 75 años al lado de la mujer”. Una exposición que no sólo se dedica a conmemorar tal efemérides y a presentar algunos de los grandes eventos que han constituido los contenidos de la revista en estos años sino que, además, sirve para que los postulados del Arte Contemporáneo se hagan presentes en una configuración expositiva rigurosa y llena de un sentido que va, infinitamente, más allá de los propios elementos que han positivado los contenidos de la publicación y su realidad sobre el universo femenino en estas décadas.
Es importante la realidad expositiva que nos encontramos en la muestra: maniquíes con diseños de importantes modistos españoles y extranjeros – Jean Paul Gaultier, Carolina Herrera, Óscar de la Renta, John Galiano, Tom Ford, Giambattista Valli, Stéphane Rolland, Palomo Spain, Vicky Martín Berrocal, Lina 1960, Juana Martín, Leandro Cano y Javier Mojarro -; sesenta de las portadas más icónicas de la revista donde se nos ofrecen la visión mitificada de una mujer que ha ido evolucionando hasta alcanzar la absoluta realidad que, hoy, posee y que, desde ELLE, se han puesto las bases para desentrañar muchos de los aspectos incidentes en la potestad de un mundo femenino lleno de entusiasmos.
Pero, a este que esto les escribe, treinta y cinco observando y escribiendo los entresijos del arte contemporáneo, la muestra le plantea infinitamente más cosas; sobre todo porque parte de una idea fundamental: la de unir el concepto amplio y determinante de una publicación sobre la mujer y, además, manifestarlo en un contexto muy particular: el propio desarrollo del arte más inmediato en sus muchos aspectos. Luis Gordillo, ese germen creador de una pintura con infinitas perspectivas y vasto desarrollo que ejemplifica y que ha potenciado buena parte del arte que ha tenido lugar en España desde la segunda mitad del siglo XX, forma parte del entramado de la exposición con una obra emblemática que se manifiesta como vehículo integrador en un diseño expositivo especial que es otro de los parámetros importantes de lo que allí se muestra.
Paco Pérez Valencia, uno de nuestros más lúcidos y preclaros museógrafos, ha generado un entramado expositivo que integra, sin desvirtuaciones, la propia realidad de la revista y su patrimonio como publicación de setenta y cinco años en torno al mundo de la mujer, con el sobrio, riguroso y espectacular diseño museográfico que suma en lugar de restar, que aúna intereses y abre las máximas perspectivas de un desenlace argumental donde todo está más que medido, estructurado para que el espacio sea un contenedor de amplias propuestas que amplifica, sin excesos, los muchos aspectos que intervienen en el contexto general de ELLE. Y todo, con un soberbio Gordillo que yuxtapone las muchas disposiciones expositivas.
De nuevo, el artista y museógrafo sanluqueño – con la profesionalidad abismal de otro grande de la museografía andaluza, Abraham Parrón – ha generado un corpus expositivo donde todo está medida y complementado para que la realidad conceptual del evento muestre sus muchos y determinantes registros. Maniquíes con diseños de modistos importantes, los complementos que maximizan dichas obras y les impone un especialísimo desarrollo visual, sesenta de las mejores portadas, estructuras compositivas de un modo museográfico poderoso y lleno de entidad y trascendencia creativas, sobriedad en la propuesta museológica, solvencia en la manera de exponer, iluminación exacta, pulcra y motivadora… todo, en definitiva, para que la exposición sea, en sí misma, una obra llena de sentido.
La exposición en el pabellón de la Plaza de América nos plantea un recorrido por la historia de un revista emblemática pero, también, por los parámetros de un arte contemporáneo que, desde la pintura de Luis Gordillo y la museografía inquietante y llena de expectativas de Paco Pérez Valencia, nos introducen en los rigurosos esquemas de un modo artístico con infinitos matices.
Las eternas posiciones de la pintura
TRIPLEX
Espacio Santa Clara
SEVILLA
La realidad expositiva lleva muchísimo tiempo anclada en una misma línea argumental. También la creación, en líneas generales, mantiene unas constantes bastante inamovibles. El artista, en la realidad de su estudio, de manera íntima y privada, plantea sus postulados artísticos, su manera de manifestar una pulsión creativa. Más tarde, la mostrará a cara descubierta, buscando que la mirada del espectador le conceda la última y definitiva pincelada de trascendencia. Así ha sido siempre, por lo menos hasta ahora. No es fácil, por tanto, sustraerse a una dinámica que lleva tiempo surcando las mismas rutas. TRIPLEX es un proyecto de Sema D’Acosta que ha unido en una misma realidad expositiva tres nombres importantes de la pintura contemporánea, tres artistas grandes a los que les une, en medio de evidentes diferencias, el eterno compromiso de la creación sabia, rigurosa y consciente. Son, ni más ni menos que Luis Gordillo, Rubén Guerrero y Miki Leal, pintores de resoluciones diferentes, de concepto plásticos y estéticos de dispar naturaleza pero que tienen en común planteamientos convincentes en torno a una pintura que en la que creen y a la que dotan de entidades formales diferentes con ciertos registros afines.
La exposición no es una muestra colectiva al uso. Es algo más porque, además, de las propuestas diferenciadoras de cada uno se nos presenta tres obras realizadas en común, a las que cada uno impone su particular e intensa creatividad buscando yuxtaposiciones y realidades personales dentro de un contexto único. No se trata de una comparecencia tripartita con visiones contrapuestas de una pintura contemporánea; es la búsqueda de realidades afines, de postulados igualatorios en el conjunto de una conciencia creativa de artistas que forman parte del contexto general de la pintura española y que, aunque de generaciones distintas, constituyen pilares básicos de un arte abierto con sumos planteamientos de máximos plásticos y conceptuales.
Aunque uno lleve bastante tiempo en esto – a veces pienso que demasiado – y ha tenido que escribir de muchos – buenos y malos, lúcidos y torpes, sabios y equivocados -existen ciertos artistas que me lo ponen difícil, en ocasiones muy difícil. Me pasa con la pintura de Guillermo Pérez Villalta – de quien he tenido el honor de hacerlo en muchas ocasiones -; también con la pintura de Juan Uslé o con las creaciones de ciertos escultores que son grandes y forman parte de lo mejor del arte español – Txomin Badiola, por citar sólo uno -. También me pasa con la obra de Luis Gordillo, al que rindo la mayor pleitesía por considerarlo maestro de maestros y ejerciente de una pintura con mayúsculas de la que llevo siendo seguidor desde que era casi un adolescente desinformado. Es tanto el respeto y la admiración que creo que mis torpes palabras nunca estarán a la altura de tan gran artista y su particularísimo lenguaje y concepto artístico. Sin embargo, creo que el momento vale la pena y la circunstancia en la que se desarrolla esta exposición, con la obra del gran Gordillo como principal pilar, permite correr el riesgo y atender a tan importante proyecto. Porque considero que la propuesta expositiva de Sema D’Acosta es una de las proposiciones curatoriales más importantes que se han hecho en los últimos tiempos.
La muestra nos sitúa en los personales planteamientos de los tres pintores sevillanos – Luis Gordillo (Sevilla, 1934), Miki Leal (Sevilla, 1974) y Rubén Guerrero (Utrera, 1976) -, artistas de momentos diferentes pero en pleno y consciente ejercicio creativo; los más jóvenes con la referencia del veterano metida en la vena de sus diferentes ejercicios pictóricos. La exposición no es una muestra de cadáveres exquisitos, a modo de aquellas realizaciones de lo surrealistas por las que cada autor continuaba lo que otro empezaba.
En los espacios del antiguo Monasterio se nos presenta un conjunto de obras de cada artista; Luis Gordillo con ese lenguaje lleno de pureza donde se manifiesta un universo orgánico de personalísimo desarrollo pictórico: Miki Leal, con esa figuración contenida donde el elemento plástico suscribe un envolvente sistema sobre la propia realidad representada; Rubén Guerrero, con esa naturaleza abstracta que suscribe un formulario de rigurosa expresión. Las mismas complementan el núcleo central del proyecto: tres grandes piezas intervenidas conjuntamente por los tres artistas. Tres conceptos que han interactuado, que han dialogado, que se han hecho un solo todo desde tres posiciones diferentes.
Luis Gordillo parece recuperar el sentido de un hoy que deja entrever un ayer inmediato de profunda artisticidad; Miki Leal y Rubén Guerrero argumentan sus formulaciones con la vista puesta en los desenlaces contundentes del maestro. De esta manera las realidades pictóricas de los tres se confunden hasta ampliar un horizonte abierto que crea expectación y alumbra una nueva feliz posición artística.
TRiPLEX es un festivo ejercicio de lucidez artística. Un proyecto tan bien ideado como perfectamente llevado a cabo. Es una realidad artística que plantea, sin desvirtuación, las infinitas perspectivas de una pintura que los tres, conjuntamente y por separado, hacen infinitamente trascendente.
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