Natalia de Molina. Actriz

"Ha sido mi papel más difícil, no sé si volveré a hacer algo igual"

  • La ganadora del Goya en 2014 fue nominada ayer a los Premios José María Forqué por 'Techo y comida'.

-Literalmente, acaba de ser nominada a los Premios José María Forqué por su interpretación en 'Techo y comida' junto a compañeros de la talla de Javier Cámara o Penélope Cruz.

-¡Todavía no me lo creo! Es muy fuerte, además con las actrices que hay en la categoría... Me cuesta creérmelo, aún estoy flipando.

-¿Cómo llegó Natalia de Molina a 'Techo y comida'?

-Cuando leí el guión, me emocioné, me tocó. Pasaron los días y seguía pensando en la historia, en Rocío [protagonista de la cinta], notaba que algo me pasaba, que algo había cambiado en mí. Luego, cuando conocí a Juan Miguel a través de su corto 'Rosario' dije bueno, si alguien tiene que hacerlo es él. Era obvio que iba a contar una historia que sentía desde el respeto, cruda, sin artificio ni haciendo sensacionalismos. 'Techo y comida' es una realidad, sobria, honesta y obviamente un reto muy grande como actriz.

-¿Cómo ha sido asumir el papel de Rocío?

-Dejándome todos los sentidos y tirándome a la piscina y confiando mucho en Juan [Miguel del Casillo]. Tengo claro que el personaje está llegando a tener tanto calado entre la gente porque Juan es un gran director de actores.

-Tras leer el guión, ¿cómo es ese primer contacto con Juan Miguel del Castillo?

- El encuentro fue vía Skype porque yo estaba en Madrid y él en Jerez. La verdad es que nos emocionamos mucho al conocernos. A él le emocionaba que yo sintiera tanto la película y quisiera estar en ella. Conectamos desde un primer momento, estuvimos en la misma tesitura desde el principio. Es una de las personas más humildes que conozco. Es tan necesario este tipo de película como él como cineasta.

-Habla con mucha pasión de la historia.

-Es que esta película toca mucho la fibra porque está contada y está hecha de una manera que te sientes como Rocío durante todo el tiempo. La acompañas, la sufres, entiendes lo que está pasando, comprendes lo incomprensible de un sistema que abandona a las personas y favorece cosas que no son humanas. Lo que ves te resulta cercano y real, hay mucha verdad en esta historia.

-Parece que tiene muchísimo cariño a Rocío, su personaje.

-Le tengo muchísimo cariño a Rocío, es un personaje que está conmigo y va a estar toda la vida. Me siento una afortunada por haber podido darle vida, de haber conocido a Juan. Es el trabajo más difícil que he hecho hasta hoy como actriz y no sé si volveré a hacer algo igual.

-¿Por el reto que supone este tipo de personaje o por la oportunidad?

-Por la oportunidad. No es tan fácil que te lleguen personajes tan complejos y tan fuertes, ojalá me llegasen muchos. Ojalá Juan Miguel hiciera muchas películas, ya que crea personajes muy fuertes que para una actriz son un bombón.

-Tenía la responsabilidad de ponerle cara a un problema de gran calado social, ¿cómo se enfrentó al reto?

-Con muchísimo respeto. La película está hecha con mucho mimo, cariño y respeto. Cada vez que alguien la ve me pongo un poco nerviosa porque nunca sabes si la gente lo va a entender, pero desde el primer momento entran en la historia y agradecen que se haya hecho esta película. El mejor regalo es que el público quiera a Rocío y su historia.

-Aún no se ha estrenado y ya ha cosechado varios galardones. Como última ganadora de los Goya, ¿qué piensa de este reconocimiento?

-Me encantaría que valoraran esta película porque se ha trabajado mucho y es una joya, pero nunca sabes cómo pueden desarrollarse los premios. Ahora hay que darle visibilidad a la película y animar a que la gente vaya al cine, eso es lo primordial.

-¿Repetirá con Juan Miguel del Castillo?

-Aún no lo hemos hablado, pero él lo sabe y sino que se entere al leer esto. A mí me tiene para lo que quiera, aunque va a terminar diciendo que soy una pesada (risas).

-¿Qué tiene 'Techo y comida'?

-Tiene verdad, representa una realidad que todos vemos en la televisión. Aquí se le pone cara y rostro a esa situación tan desagradable que viven las víctimas de la crisis, que dejan de ser números y pasan a ser personas. En mi caso, por ejemplo, antes de hacer la película conocía la situación, pero uno tiende a apartar la mirada. Cuando ves la injusticia, a veces prefieres no mirarla de frente. Y esta película te obliga a no quitar la mirada.

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