Jorge Javier Vázquez. Presentador, escritor y actor “Antes pensaba que la serenidad era un aburrimiento, hoy me parece placentera”

  • El autor ofrecerá este sábado en el Villamarta ‘Desmontando a Séneca’, una comedia donde se combina la personalidad de este comunicador con las enseñanzas morales del filósofo

Imagen de promoción de Jorge Javier Vázquez en ‘Desmontando a Séneca’. Imagen de promoción de Jorge Javier Vázquez en ‘Desmontando a Séneca’.

Imagen de promoción de Jorge Javier Vázquez en ‘Desmontando a Séneca’.

Jorge Javier Vázquez quiere dar un discurso. Pero no un discurso cualquiera. Un discurso sobre el libro ‘De la brevedad de la vida’, de Lucio Anneo Séneca, el gran filósofo cordobés. Cansado de que todo el mundo considere frívola su labor en televisión, y después de sufrir un ictus, cree que ha llegado el momento de ponerse serio y compartir con el público algunas de las cuestiones fundamentales que nos preocupan a todos. Lo hará este sábado, en el Teatro Villamarta, con ‘Desmontando a Séneca’.

–’Desmontando a Séneca’ llega en un año difícil para todos. ¿Qué puede aportar a nuestra vida hoy esta obra?

–Bueno, pretender aportar algo a la vida de los españoles me parece un poco pretencioso. Pero te puedo hablar de lo que ha pasado en Bilbao o San Sebastián, con localidades agotadas y donde la reacción del público ha sido brutal. Una hora y media en la que ha desconectado, se lo ha pasado muy bien y le ha ayudado además a pensar en aspectos de su vida, porque la función trata un poco sobre eso, de la vida.

–La obra se quedó a un día de su estreno en Córdoba porque se decretó el estado de alarma. ¿Cómo le sentó el confinamiento a esta propuesta?

–Así fue. Los ensayos empezaron en enero y ya teníamos todo el trabajo hecho. El confinamiento le ha dado un nuevo sentido a la función porque al hablar de la vida, nos ha obligado a todos a replantearnos aspectos que quizás pasábamos por alto.

–¿Cómo se ha enfrentado a este profundo texto de Séneca?

–Hay un poco de autobiografía mezclada con los textos de Séneca. Pero no sé por qué, no me costó aprendérmelos, son tan potentes que disfrutaba muchísimo estudiándomelos y me ayudaron muchísimo. Esta función ha sido para mí una escuela de vida y la gente que la ha visto, pues lo que me gusta es que me digan que salen removidos, que hace plantearte cosas. A mí, por ejemplo, me ha dado pie a saber de una vez que todo esto se acaba y que tenemos que estar muy pendientes de disfrutar cada segundo de nuestra vida. No sabemos qué va a suceder en cualquier momento. Y ya no sólo con nuestra vida, porque quién nos iba a decir que íbamos a vivir esta situación de pandemia. Pues pasa. Mira, yo cada mañana quiero levantarme con la idea de que voy a hacer algo bonito que me va a aportar algo.

–¿Y esta obra lo es?

–Para mí este proyecto... el teatro ha llegado a mi vida para quedarse. Para mí es una pasión que he descubierto ya en una época madura de mi vida, por lo tanto es una pasión muy profunda.

–¿Cómo ha sido este giro en su vida con el teatro?

–Pues algo que siempre he querido pero nunca me atrevía a hacer. Pero la aparición de Juan Carlos Rubio, que es el autor y director, ha sido fundamental para que me atreviera a subirme al escenario y enfrentarme a proyectos que podía hacer. Mis avances han sido escalonados, cada vez más arriesgados, enfrentarme a cosas para las que estoy capacitado y no conseguir desde el primer momento grandes logros. Hay que ir poco a poco. Dejarte dirigir por alguien en quien confías es importantísimo, te quita miedos e inseguridades.

–Es la primera vez que actúa en el Villamarta...

–Sí. Me hace muchísima ilusión.

–¿Qué le discutiría a Séneca si lo tuviera delante?

–Pues le daría las gracias por dejarnos ese legado. Personalmente, me ha servido muchísimo, sobre todo, para entender más lo que significa la vida. Y tengo ahí una inquietud por la espiritualidad, que cada vez te hace más grande. Creo que tiene que ver con la edad, que te planteas este tipo de cosas de una manera más seria. Lo que tengo muy claro es que la educación católica no me sirvió de mucho. Yo estudié en el Opus Dei. Me gustan aspectos pero otros como el valle de lágrimas y la concepción del pecado no me atraen mucho. Creo que es un poco de infelicidad. A la tierra hemos venido a ser felices y no a sufrir.

–Lejos de escenarios y platós, ¿con qué se va sintiendo más cómodo en la vida?

–Pues con mi vida, con aceptarla como es. Pensamos mucho en cómo nos gustaría que fuera nuestra vida y nos olvidamos de vivir. A la vida le estamos pidiendo grandes cosas. Ahora estaba pensando: “ostras, qué bien, me queda por ver la serie ‘Patria’”. Tenemos muchas oportunidades a nuestro alcance para vivir momentos felices. La felicidad tiene que ver con la serenidad y con lo que te puede aportar, por ejemplo, eso, ver una serie.

–¿Se siente usted más feliz ahora que hace, por ejemplo, diez años, a pesar de haber sufrido un ictus?

–Sí, por supuestísimo. La edad me ha servido para estar más tranquilo, más sereno. Antes pensaba que la serenidad era un aburrimiento y me parece que es un estado muy placentero.

–¿Tiene nuevos proyectos a la vista?

–Con esta obra estaremos de gira hasta 2022, así que tenemos suficiente (ríe). Y seguir viviendo y haciendo teatro.

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