Arte

Espacios de interiores

  • La Casa de la Provincia dedica una exposición a Pepe Salas, un llanero solitario del arte que ha evolucionado en los márgenes

'Gran páramo', una de las obras expuestas.

'Gran páramo', una de las obras expuestas. / D. S.

Pepe Salas es un pintor de La Puebla del Río, nacido en 1976 que, desde un principio, siendo muy joven, mostró unas formas totalmente diferentes. Es totalmente autodidacta; está, por tanto, muy al margen de esa enseñanza reglada que impone y exige más que motiva. Todo cuanto hace en lo artístico forma parte de un espíritu inquieto y de una gran intuición artística. Precisamente por todo ello ha llegado hasta aquí con ese bagaje importante de artista distinto, lleno de un poderosísimo entusiasmo creativo. Hace unos veinte años, cuando Diario de Jerez comenzó aquella aventura expositiva de apoyo a los artistas jóvenes que ofrecían grandes expectativas, Pepe Salas fue uno de los elegidos para que mostrara, en la sala del periódico, una obra iniciática que, ya, dejaba entrever signos de muy buenas hechuras. Fue el primero de una serie de artistas jóvenes que luego han ido creciendo y desarrollando muy buenas circunstancias, Javier Palacios, María Ortega, Rocío Cano, Montse Caraballo, Jesús Rosa, por citar sólo algunos.

El artista chicharrero nos mostró una pintura contundente, ilustradora de una realidad que él hacía y quería vehemente para que ofreciese desarrollos y desenlaces expresivos no sujetos a casi nada; sólo a un espíritu inquieto, revelador de una pasión desmedida. Por eso llamó la atención; pese a su juventud mantenía vivos los estamentos de una pintura exigente que planteaba esquemas salidos de una inquietud, de una necesidad interior. Desde aquellos momentos, primeros de una carrera con obstáculos, su pintura marcó planteamientos diferentes -quizás su vida y su persona, también- y buscó realidades diferentes.

'Travesía'. 'Travesía'.

'Travesía'. / D. S.

Por eso, a Pepe Salas lo hemos tenido, desde un primer momento, como pintor importante. Lo hemos visto crecer y evolucionar en una pintura que fue, desde aquella primera comparecencia, serena, sensata, que ha sabido hacerse madura y llegar con ella a los más altos estamentos de convicción. En esta exposición de la Casa de la Provincia se nos ofrece la visión continuada de esa evolución pictórica del artista. Es esta un tipo de muestra pseudo antológica, que plantea la realidad de los artistas a mitad de su carrera; algo que considero bastante importante porque, en plena actividad creativa de los autores, se nos presenta lo que ha ido sucediendo en unos momentos no excesivamente lejanos desde el comienzo. Con exposiciones como ésta el espectador observa directamente los planteamientos de esa evolución y sabe bien cuál y por qué es la realidad del autor.

La muestra está muy bien planteada en fondo y forma. Comisariada por Juan Fernández Lacomba y Jorge Garrido, con un espectacular diseño expositivo marca Paco Pérez Valencia y Abraham Parrón y un texto introductorio, en el muy buen catálogo, de Francisco L. González-Camaño. Todo un gran episodio para envolver una muy buena exposición que no deja indiferente y que introduce al visitante en los complejos recovecos artísticos de una pintura que ofrece infinitas lecturas.

'El beso'. 'El beso'.

'El beso'. / D. S.

La muestra se estructura en varias etapas cronológicas, comenzando en aquellas obras de los primeros años del nuevo siglo, con la pintura desenmascarando inquietudes, anhelos, dudas, controversias y angustias vitales; piezas de sutiles esquematismos, de poderosos trazos gestuales con los elementos compositivos, de muy escueta conformación plástica, dejando entrever los abismos emocionales que poblaban la realidad del artista. Una humanidad en constante desasosiego, una totémica vaca que pace en espacios coloristas de mínimos encuadres y nula naturaleza, escenas extraídas del mundo de los sueños, de los recovecos de un alma que busca más de lo que encuentra.

Cuenta el artista que, tras un periodo largo de vacío, de infinitas dudas y de espacios vivenciales de tremenda inquietud, alrededor del año 2010, apareció de improviso una nueva realidad creativa cuando la negrura del horizonte acechaba más de la cuenta. Una montaña que fue creciendo y generando espacios donde habita lo imposible. Un universo interior por donde circula una realidad cuestionada, un intrincado laberinto por donde transita ese personaje que rema absorto en su mundo de soledades silentes. Son obras enigmáticas, que narran episodios presentidos con personajes de inmediata conformación y mediata simbología. Paisajes que ilustran oscuros escenarios con una naturaleza de imposibles. Es el universo de un Pepe Salas descubridor de mitos, hacedor de mágicos almanaques que anuncian tiempos remotos y futuras consecuencias.

Es el universo de un descubridor de mitos, hacedor de mágicos almanaques que anuncian tiempos remotos y futuras consecuencias

En la muestra de la Casa que es sede de la Institución Provincial sevillana nos encontramos con un pintor distinto. Un artista que es llanero solitario, que no forma parte de los exagerados mentideros de la plástica de la ciudad ni sucumbe ante los intereses artísticos formulados -cuando no impuestos - por los que manejan los cotarros actuantes. Estamos ante una muestra que nos va marcando las rutas de un artista que ya es grande, que hace una pintura para ser tenido más en cuenta, que manifiesta, sin alharacas, los conceptos de un arte poderoso, de una pintura que, dentro de sus máximos extremos, encierra la sutileza de una narración bien confeccionada para lectores que, además de inteligentes, deben tener una mirada clara y abierta.

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