Miguel Ángel Díaz. Actor

"Tengo los pies en el suelo porque hoy no puedo vivir de esto"

  • El intérprete debuta en el largo con 'La isla mínima', uno de los títulos de la temporada En Cádiz apostaría por una película sobre la Constitución del 12.

El cine español marcha últimamente a dos velocidades. La pasada semana la SGAE publicó su anuario con las más recientes cifras de consumo cultural que, en pantalla grande, continúan descendiendo a un ritmo preocupante desde 2008. Pocos días antes, el gremio actoral se vistió de riguroso luto contra la Ley Lassalle, el último encontronazo entre creadores y política. Y en medio de la oscuridad, la taquilla arroja algo de luz situándose a la avanzadilla de los gustos del espectador. Una indescriptible paradoja, un posible impulso para el asentamiento de nuestra producción como sinónimo de éxito.

A una sola velocidad pero con la cabeza amueblada, Miguel Ángel Díaz (Cádiz, 1979) no está para noticias aciagas. Su participación en el último pelotazo del cine español, La isla mínima, le está reportando más alegrías de las imaginadas. Con una trayectoria centrada en el cortometraje, su debut en el largo de la mano del pigmalión Alberto Rodríguez es una de esas experiencias que marcan a fuego. A Díaz pertenecen cuatro minutos de metraje cruciales para entender los derroteros que guiarán la investigación de la pareja de personajes principales en la película, encarnados por Raúl Arévalo y Javier Gutiérrez, Concha de Plata en San Sebastián. Un bálsamo a la tradicional náusea del público hacia la producción patria.

"La gente no es tonta y se da cuenta de que el cine español tiene una calidad cada vez mayor y no tiene nada que envidiar en cuanto a dirección, interpretación o fotografía a otras producciones", opina contundente. Consciente de que esta cinta, un triunfo incontestable de público y crítica, puede abrirle nuevas puertas, el actor resalta ante todo la oportundidad de trabajar con un equipo insuperable y del que ha aprendido tanto. "Todo el mundo esperaba algo importante de lo nuevo de Alberto. Lo bueno es que nos hemos juntado dos perfeccionistas, él lo calcula todo minuciosamente pero también tiene una facilidad para exprimir el trabajo de los actores y sacarle el mayor jugo". La respuesta a esta implicación fue que "me machaqué al máximo pero en el buen sentido. Era uno de los papeles más difíciles y cuando le saqué lo que quería me dijo: 'tranquilo, esto va muy bien'", relata.

En efecto, el personaje de Castro, al que da vida, ayuda con su confesión a que se vislumbren ciertos tenebrosos detalles en este thriller policíaco de esencia andaluza sobre el asesinato de dos menores en un pueblo del Bajo Guadalquivir, en los 80. "En este país, por desgracia, hemos vivido situaciones así. En una desgracia, llega un momento en que somos partícipes. Lo vemos como algo que conocemos bien. Cuando un director lo lleva a la pantalla, la gente siente curiosidad por ver eso de otra forma".

El intérprete gaditano confiesa que "a partir de ahora espero que con la promoción me empiecen a salir más cositas, que siga sonando la película. Tengo los pies en el suelo porque hoy en día no puedo vivir de esto. Me presenté a mi primer casting en 2007 y ahora veo mi foto en el móvil posando en el photocall con el equipo y aún no me lo llego a creer".

Este joven funcionario llegó al mundo del cine casi de casualidad -como otros dos nombres del reparto: Jesús Carroza y el aclamado Jesús Castro, El Niño, auténtico fenómeno de masas tras su estreno-. Semejante trío de talentos presume de haberse paseado por conocidos largometrajes con título nacional. "Con Jesús Castro he hablado de esta oportunidad que nos estaban dando, pero hay que ser cauteloso y asimilarlo bien", admite el actor que asegura no haber escuchado ninguna crítica negativa dirigida a La isla mínima.

Aunque se impone el realismo: "la cinta estará seguro en los Goya pero yo no me veo con uno en la mano. Esta es una oportunidad para que me vean y seguir trabajando en lo que me gusta", explica. También opina que "uno se va autolimitando. Todo lo que había hecho antes era comedia y los dramas me echaban para atrás. Pero muchas veces no depende de ti, sin quererlo te encasilla el público; si les gustas mucho en comedia, no hagas otra cosa, ellos te lo dicen. También es bueno cambiar, si puedes hacer reír, también harás llorar", dice.

Miguel Ángel Díaz, admirador desde pequeño del mundo del teatro y actores como Lina Morgan, Arturo Fernández o Concha Velasco, confiesa que le gustaría ser dirigido por Amenábar, que junto a Daniel Monzón o el propio Alberto Rodríguez constituyen el principio del cambio para el cine español hacia una mayor calidad en todos los aspectos. "A partir de Los otros ya se apreciaba ese cambio y el cine español estaba evolucionando, se le miraba de otra manera, con frescura".

Para sus compañeros tampoco escatima en elogios. "Trabajar con Raúl y Javier era fijarse en cada momento, en cada toma te quedabas con algo que podías aprovechar. El público está acostumbrado a verlos en el registro cómico pero se van a sorprender con este trabajo", adelanta.

Por último de su tierra, Cádiz, afirma que "tiene tanta cultura e Historia que se podría hacer una película de cualquier cosa, sobre cómo se hizo la Constitución de 1812. Sería algo muy coral, como lo ha sido La isla mínima".

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