Carlos Álvarez. Poeta

"Le tengo respeto a lo que he hecho"

  • El autor jerezano regresa a su tierra para presentar la reedición de 'Aullido de licántropo', 40 años después. Aquí, una charla con un pensador, un rebelde y un joven octogenario

Carlos Álvarez nació en Jerez un 27 de diciembre de 1933, aunque está afincado en Madrid. De familia republicana, el más joven de cinco hermanos, en su casa la lectura era un gesto habitual. Eso les hizo pensar, pensar, pensar siempre. Su padre fue fusilado durante la guerra civil. Posteriormente, el autor pasó algunos años en la cárcel por su oposición al franquismo, llegando a conocer el exilio. Estos hechos marcaron profundamente su obra poética. Fue finalista del Premio Antonio Machado con su obra 'Escrito en las paredes'. La traducción de esta obra al danés le proporcionó el premio bienal Lovemanken, de los poetas daneses, en 1963. Sus versos se mueven entre la poesía experimental y la poesía del compromiso social. Se suele asociar a poetas como Blas de Otero, Miguel Hernández y Rafael Alberti. Sus versos han sido traducidos al danés, sueco, italiano, ruso, francés y árabe. Ayer presentó en la Fundación Caballero Bonald la reedición, 40 años después, por cuarta vez, de su libro 'Aullido de licántropo' (Bartleby), su obra "mas roja", que sorteó asombrosamente la censura. Aquí, una charla amable con un pensador eterno.

-Se escuchan aullidos de nuevo...

-Sí, se vuelven a escuchar aullidos. Es la cuarta edición y lo que tiene nuevo es el prólogo, de Manuel Rico, un buen escritor, novelista, poeta y amigo. Y la editorial Bartleby, que cuida mucho sus ediciones. Yo me he alegrado bastante de publicar este libro porque además es una obra muy rara, no es encasillable, no es un libro de poemas, no es una novela... Yo suelo decir que es una novela poemática. Es un libro incomprensible porque a mí no me dejaban publicar nada, no sólo por el carácter de la poesía social que yo escribía entonces, sino porque yo era un hombre conflictivo contra el franquismo y estuve varias veces en la cárcel. Y es que es asombroso que esta obra pasara inadvertida, demuestra lo analfabeto que eran entonces porque es mucho más subversiva que la mayoría de mis obras poemáticas. Pensarían que era una cosa de Hombre Lobo..., así que la censura no la prohibió. Pero tuve la mala suerte de que cambió el distribuidor y también pasó inadvertido a efectos de distribución.

-La primera edición fue en 1975, que estaba usted en la cárcel, además.

-Esa primera edición se publicó con prisas, llena de erratas. y por estar en la cárcel no lo pude corregir. Aún vivía Franco.

-¿Por que ahora esta reedición?

-Manuel Rico tenía muchas ganas de editarlo, le había gustado mucho, y como él dirige esta colección, y ya no se encontraba en la librerías, pues había quien pensaba que era necesario y conveniente publicarlo. Además, ahora viene bien porque yo ya no escribo, en todo caso... era poeta.

-¿Y ahora qué es?

-¡Jubilado! (Ríe). Bueno, escribo artículos y tal... Pero nunca he vivido de la literatura. Ella me ha proporcionado viajes, cierto prestigio... He vivido siempre de trabajos relacionados con la Publicidad. Y es que tengo ya 80 años y con esta edad se suele estar jubilado de trabajos crematísticos.

-Hombre, no los aparenta usted.

-Ya, ya. Por fuera no, pero los llevo por dentro.

-Y cuando le entran las ganas de escribir, ¿qué hace?

-No tengo tantas ganas de escribir, además, cuando escribo poemas, si no me parecen que estén por lo menos a la altura de lo mejores que haya escrito, pues no me apetece. Le tengo cierto respeto a lo que he hecho.

-¿Qué le ofrece este libro a los nuevos lectores?

-El libro es de bastante actualidad porque lo que yo escribo, al estar enraizado en los problemas de cada época, políticos, sociales..., podría haberlo escrito ahora igual que lo escribí hace 40 años ya. Lo último que he publicado es una colección de artículos previamente publicados en revistas. Y el libro, la verdad, es que yo digo, un poco en broma, es el libro más rojo publicado en España desde que yo publiqué el anterior. Soy un poco obsesivo de los temas políticos y sociales. Tengo la indignación típica de todo ciudadano que piense y que se encuentre con lo que se esté encontrando ahora.

-Una indignación que nació con el fusilamiento de su padre.

-Eso me obligó a pensar desde muy pronto, pero la razón por la que yo empecé a escribir contra el franquismo y tal era por lo que veía, no por la herencia. La primera vez que fui a la cárcel, en el 58, estuve con personas cuyos padres había sido fusilados por los rojos. Era la observación de la realidad, no la herencia. Yo era el más joven de cinco hermanos y había un cierto ambiente en casa de pensar críticamente. En mi casa se leía mucho, y también mi padre, que tenía la funesta manía de pensar. También mi abuelo materno, que era el secretario judicial de Jerez, era muy culto. Y mi madre nos pedía que no nos metiéramos en nada, y curiosamente ella era de una familia liberal en el buen sentido de la expresión, más que la de mi padre, que era de comunión diaria. Pero mi padre evolucionó rápidamente.

-¿Este libro es un canto a todo ese tiempo?

- 'Aullido de licántropo' es un canto al marginado social y a la persona que no es como todo el mundo, que piensa y que se lleva mal con la sociedad de su tiempo. Y me refugié para expresar eso en el Hombre Lobo, y en la segunda parte lo pongo en pugna con los otros monstruos tradicionales de la literatura cinematográfica que simbolizan las clases sociales, como Drácula (el aristócrata) y Frankenstein (la carne de cañón). Estamos abocados a generar una nueva clase de personas poco formadas, y España ha tenido siempre un considerable nivel de incultura y una excesiva influencia de la Iglesia, que ha sido siniestra.

-¿Qué satisfacciones le da verlo reeditado?

-Bueno, ya me entusiasmo poco con las cosas pero siempre es agradable que se recupere el recuerdo de lo que fue en otra época. Este libro ha tenido muy buenas críticas, desde Buero Vallejo, Matute, García Hortelano... Son personas que con este libro se entusiasmaron y no me lo ocultaron. Y que se siga reeditando, algo indica.

-¿En qué sigue siendo un rebelde?

-Pues en este momento estoy indignado de que no se haga un referéndum para preguntarle al pueblo si acepta o no otro Borbón. Es el momento de que se corrija aquella anomalía de cuando se votó la Constitución del 78, que se hizo con cinco redactores de derecha y dos de izquierda. Pasado el tiempo, y con esta crisis que la gente se muere de hambre, que se gaste... De hecho, pienso que publicar ahora un libro es una frivolidad, ante el hecho de que se pasa hambre. Es un acto innecesario y el dinero hay que destinarlo a la sanidad, educación...

-¿Hay compromiso hoy?

-Hay gente comprometida. La Iglesia, sin embargo, está al servicio de los de siempre, del empresario...

-¿Qué diría su padre?

-Votaría a Izquierda Unida. Era republicano.

-¿Se carece hoy de poesía?

-No, se publica mucha poesía. En España siempre ha habido buenos poetas. Ahora José Luis Esparcia acaba de publicar 'Dos poetas del corazón', un ensayo sobre las obras poéticas de Antonio Hernández y sobre mí.

-¿Le gusta volver a su tierra, aunque se marchara muy niño de aquí?

-Sí, claro, Jerez, la provincia, todo es tan interesante. Lo que pasa que yo soy un jerezano muy curioso porque soy antitaurino militante (ríe). Fui educado en un tipo de música que me hizo no acercarme... Ahora escucho flamenco, me gusta, pero no tengo la pasión que generalmente debería tener. Me eduqué más en Beethoven, que es mi músico favorito.

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