Cultura

El ritmo exacto del color

E N estas páginas del DIARIO DE JEREZ he escrito en varias ocasiones sobre lo que se presenta en esta particularísima sala de exposiciones. Una sala que no es, ni mucho menos, otra más de las que Cajasol posee en la ciudad hispalense. Las otras son, sin más, espacios expositivos. Ésta, sin embargo, es un laboratorio donde se cuece mucho más que la simple presentación de obras de arte. En ella se fraguan inquietudes, muchas inquietudes; inquietudes artísticas, plásticas, estéticas, museográficas… y, además, se sientan las bases para que se lleven a cabo experiencias entre los nuevos que más tienen que decir.

La exposición es un proyecto presentado en el Master de Museografía Creativa que organiza Cajasol y que dirige Paco Pérez Valencia, el Conservador de la Colección. Su autora, Concha Ramos Yébenes. Los que acudan al espacio del antiguo palacio de Monsalud buscando sólo experiencias pictóricas, se encontrarán muchísimo más; entre otras cosas porque creo que, aquí lo de menos son las obras presentadas - Raúl Belinchón, José María Bermejo, Pepe Soto, Garikoitz Cuevas, Manuel Salinas, Jaime Burguillos, Gerardo Delgado, José Ramón Sierra, Robert Polidori, José Piñar, Luis Gordillo, Alejandra Freyman, José Guevara y Emilio Parrilla -, todas provenientes de importantes artistas presentes en la colección Cajasol En la exposición todo queda supeditado a la pasión colorista que se desprende del impresionante montaje escénico. Las obras están inmersas en un envolvente patrimonio cromático - el tierra-amarillo, el amarillo-naranja, el azul-morado, el rojo, el verde- que ponen en su sitio las calidades, a su vez, coloristas de las propias piezas, pero sometiéndolas a un pausado, esencial, exuberante, frenético, embaucador, envolvente, chirriante, pasional, insinuante… y toda una serie de formulaciones que provocan un diálogo extremo de la pieza como ente artístico que desarrolla todo su arbitrario poder.

La exposición desarrolla todo un tratado de museología novedosa. Aquí nada ha sido dejado al azar. Las obras están perfectamente escogidas, exactamente distribuidas y mejor organizadas. Sólo por ser puntillosos y por poner una pega, si a este montaje se le puede achacar algo en contra, creo que sobraba el fabuloso Salinas, uno de los cuadros de este autor con mayor entidad artística. Todo lo cual sirve para exteriorizar un perfecto ideario de estética. Las obras dialogan, los espacios pintados acentúan el propio carácter de las piezas que generan todo su rigor expresivo, el espectador no se ve forzado en ningún momento y se adentra en el ritmo marcado por la pintura. En definitiva, una exposición para no olvidar. Concha Ramos Yébenes, una joven muy a tener en cuenta porque tras un compromiso estético como este, con toda seguridad, se encierran grandes e inquietantes expectativas. Mientras algunos, dudaban del proyecto.

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