En todos los sitios existen establecimientos emblemáticos que están íntimamente ligados a la realidad existencial de la gente de cada lugar. En el recuerdo de casi todos está el Bar Adeli, centro neurálgico de unas vivencias que muchos conservan en sus más entrañables rinconcitos. En la esquina de la calle La Torre con Consistorio estuvo casi toda la vida -el recuerdo es el que marca los lugares y los testimonios del tiempo- ofreciendo lo mejor de la hostelería -término, quizás, poco adecuado para su sempiterna historia- que dejaba constancia de lo mejor que se podía encontrar en esta tierra de mucho con muy poco.

El Adeli, con Juan Barragán al frente, era cita obligada para un café que era de los mejores de la ciudad y para unas tapas que magnificaban lo mejor que uno podía degustar. El Adeli cerró, pero su filosofía, su patrimonio, su concepto -a contracorriente- sólo varió unos pocos metros. Cruzando la calle, abrió el Barragán y el personal pudimos seguir con lo de siempre, un café superior, muy por encima del que se daba en casi todos los sitios y, sobre todo, el lugar que muchos tenemos como espacio inequívoco donde pasar esos momentos agradables de nuestra vida cotidiana. Al Barragán, durante muchos años, hemos ido para estar, para discutir, para hablar a voces, para vivir… y para tomar uno de los mejores cafés de la ciudad.

Porque el Adeli, antes y, ahora, el Barragán es parada de todos los días. Es más que un bar al uso. Desde siempre, a las siete y media de la mañana, empiezan a juntarse parroquianos fieles para reencontrarse con ese primer café de la mañana que te permite retomar el sentido de la vida y abrirte a una jornada laboral con más entusiasmo.

Un café del que, ya, no vamos a disfrutar más. Las circunstancias han hecho que Juan Barragán dé un nuevo sentido a su negocio; ya, sin su café bueno de todos los días. Vamos a ser muchos los que lo vamos a echar de menos. Porque el café del Barragán era de los buenos, de los que sabía a café bueno, a ese café de bar que te traía recuerdos de siempre. Juan, que sea para bien el nuevo rumbo de tu negocio. Nosotros vamos a sentir la falta de ese café bueno de todos los días.

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