Una vuelta más

Arresto domiciliario

¿Salimos o seguimos confinados? He ahí el dilema. Al margen de pandemia, hay quienes llevan casi toda su vida encerrados. Al respecto, el autor plantea si la verdadera cárcel está dentro de cada individuo, en sus limitaciones y complejos, en la negación de sí mismo.

Anciana acompañando a vecina incapacitada . Anciana acompañando a vecina incapacitada .

Anciana acompañando a vecina incapacitada . / ©️ Jesús Benítez

El aire se cuela entre rocas, cabalga a lomos de olas marinas, susurra a los árboles y acaba peinando nuestros cabellos. La luz levanta haces durmientes de trigo, socorre a barcos en las tinieblas, anima a un río gélido en invierno y nos devuelve a la realidad tras una noche ciega. Así dibuja su esencia la libertad, aparentemente etérea y a la vez notoria, sutil y evidente, trascendental, generando plenitud, permitiendo vida. Libertad es un horizonte sin infinito. Libertad es la energía del alma. Libertad es un desnudo premeditado, sin complejos, bello y armónico. Libertad es un mundo interior que no teme a lo externo, es la realización consumada, el final de los espías.

La calle es un teatro al aire libre, sin barrotes ni pudor, mezcla de locura colectiva y laberinto de pasiones. La libertad deambula entre esquinas, adoquines y marquesinas, ávida de corazones nostálgicos, incitando a la convivencia, o la ruptura civilizada. En las calles nos exhibimos, perdiendo el anonimato y manteniendo la dignidad, como icono de libertad. Las calles son una pasarela de libertades, cargada de desconocidos, pícaros, enamorados y escoria, abanico policromático de libertad. La verdadera cárcel, está dentro de cada individuo, en sus limitaciones y complejos, en la negación de sí mismo. Perdemos la libertad por ingenuidad o persecución, por delito o inquina. Nacemos en el mayor ejercicio de libertad natural, anárquicos, rompiendo ataduras, buscando una respiración no asistida, ansiando libertad en suma. Morimos atrapando un último soplo de libertad en forma de aire.

El sitio de mi recreo. El sitio de mi recreo.

El sitio de mi recreo. / © Jesús Benítez

Libertad es una bandada de pájaros cruzando ingenua un valle de necesidades y forajidos. La libertad encuentra su antagónico en el origen caníbal de la especie humana. Privamos o nos privan de libertad, para fines incívicos, criminales o, en mayor medida, con la intención de seguir extendiendo el odio por la faz de la tierra. No hay nada más cruel e impúdico que expoliar libertades. La ausencia de libertad es un túnel negro, sin luz ni salida, con arpones afilados cayendo del techo.

La tristeza escenifica ausencia de libertad, como un arresto domiciliario, oculto, horrible, que exhibe un cuerpo apresado por sus circunstancias, por la soledad y el tiempo, atado a una silla eléctrica con termostato regulado. Las libertades perdidas ofrecen escenarios virtuales con cuatro paredes y seres vivos gritando en silencio: incapacitados, dolientes psíquicos y de alma, viejos octogenarios enclaustrados, escuchando en la radio el 'rien de rien' ("nada de nada") de Edith Piaf, mientras la parca va entrando sigilosa por la ventana y la vida se va diluyendo entre babas por las mejillas. Libertad es miel en los labios…

© Jesús Benítez

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