Baños de sol

Buscando salidas a las complejidades, el autor expone que la opción de llorar debería ser la última, mejor quedarse a buen recaudo hasta adivinar cómo parar el golpe. Remedios caseros como abrir el balcón puede aclararnos el panorama y también la salud

Baños de sol. Baños de sol.

Baños de sol. / Jesús Benítez

Describir la vida como un valle de lágrimas, más allá del clásico tópico traumático, puede dañar el entusiasmo de quien lo lea o escuche. Pero al igual que ocurre con muchos otros proverbios, es mejor no tomarlos al pie de la letra, porque las frases hechas suelen encerrar una segunda lectura provechosa. Siempre hay que ver más allá de lo que nos dictan, pues esos duros momentos que depara la existencia, como mínimo encuentran socorrido alivio gracias al llanto. No hay mal que cien años dure, ni cuerpo que lo resista, afirma otro refrán popular del que también debemos extraer su doble e incuestionable enseñanza. Será por axiomas.

Cada cual utiliza sus propias sentencias literarias para sortear circunstancias complejas, pero lejos de optar por llorar, yo suelo recurrir a instructivos aforismos como los de George Bernard Shaw que, en un alarde de ingenio, escribió una cita prodigiosa: “Tanto los optimistas como los pesimistas contribuyen a la sociedad. El optimista inventa el avión, el pesimista el paracaídas”. Aplicándome el cuento, hay días en los que estoy de tan buen ánimo, que salgo airoso, casi ’volando’, de cualquier problema, mientras que otros opto por quedarme a buen recaudo hasta adivinar cómo parar el golpe. De este modo, una mañana al abrir el balcón descubrí la forma más natural de tomar vitamina D y otros beneficios añadidos para la salud. Sentado al borde de la cama, me bastó con mirar al cielo azul y dejar que los rayos UVA actuasen, alcanzando así un bienestar que jamás había conocido.

“La vida es muy bonita”, decía mi madre, que casi nunca salía de casa. Quiero pensar que tal vez ella también tomaba baños de sol en la azotea yendo a recoger la ropa tendida, justo el único momento en que sus cinco hijos le dábamos un segundo para respirar tranquila y llenarse de energía. Nunca es tarde, como afirma el refranero, si la dicha es buena, pues en el duro confinamiento por la pandemia he descubierto que para mis defensas no hacen falta piscinas exclusivas ni playas paradisiacas…

(*) Jesús Benítez, periodista y escritor, fue Editor Jefe del Diario Marca y, durante más de una década, siguió todos los grandes premios del Mundial de Motociclismo. A comienzos de los 90, ejerció varios años como Jefe de Prensa del Circuito de Jerez.

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