Una vuelta más

Hiperbólico

Ante celebraciones como Papá Noel o los Reyes Magos, el autor analiza en primera persona lo común que resulta ser exagerado. Que tire la primera piedra quien no tenga su anécdota

Catálogo de juguetes de 1970. Catálogo de juguetes de 1970.

Catálogo de juguetes de 1970.

EXCEDERSE trae consigo efectos secundarios y daños tanto propios, como colaterales. Aunque a nadie le amargue un dulce, ya se sabe que el azúcar debe tomarse con moderación, igual que el resto de delicias o placeres, todo en su justa medida, no entraña consecuencias negativas si evitas extralimitarte. Como en otros muchos casos, el problema está siempre en los excesos, ya que todo tiene un límite. Por ejemplo, bromear contando chistes, si se hace de forma sana y racional, alegra a cualquiera, dibuja sonrisas, e incluso permite establecer puentes afectivos. Pero si se exagera, orillando descalificaciones o exabruptos, se pierde la gracia, pudiendo deparar conflictos de incierta trascendencia.

Cada cual tendrá su propia experiencia de exageración que le dejó marcado. Ahí va la mía: Aunque en la infancia oía hablar de Reyes Magos, no daba crédito a su existencia, porque rara vez pasaban por casa. Tengo un recuerdo vago de cierta ropa de torero que mi madre confeccionó y me entregó por sorpresa un 6 de enero, pero nunca llegué a lucirla en la calle, porque me veía esperpéntico, igual que tampoco quise usar a nadie para el papel de toro, lo encontraba tan exagerado como grotesco. Poco después vino al mundo mi tocayo y amigo Jesulín de Ubrique, pero esa es otra historia. El caso es que unas Navidades, junto con mi hermano José, pedimos a hurtadillas a El Corte Inglés casi todos los juguetes del catálogo de Reyes, que llegaron a nuestro domicilio en varios furgones de Correos. Como mi padre era el único cartero del pueblo, lo tuvo más fácil, devolviéndolos sobre la marcha. Lo que nunca supe es cómo justificó a esos grandes almacenes la actitud 'exagerada' de sus dos hijos pequeños.

Esa vivencia la tuve con siete años y durante mucho tiempo me recriminé no haber pedido sólo un par de juguetes. Fue así como aprendí que, cuando se sobrepasan los límites de lo natural, justo o conveniente, se es un exagerado. Otra cosa bien distinta es lo hiperbólico, palabra que define a la exageración literaria de un hecho, circunstancia o relato, pues a diferencia del mito de Papá Noel, lo que yo he contado sí es verídico…

(*) Jesús Benítez, periodista y escritor, fue editor jefe del Diario Marca y, durante más de una década, siguió todos los grandes premios del Mundial de Motociclismo. A comienzos de los 90, ejerció varios años como jefe de prensa del Circuito de Jerez.

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