La elegancia de los vinos de Jerez

09 de marzo 2026 - 03:06

La idea de que algunos jereces resultan ‘demasiado fuertes’ aparece con frecuencia en conversaciones informales o en catas apresuradas que, más que describir al vino, revelan una forma contemporánea -y quizá simplificada- de entender la elegancia.

Traigo hoy esta reflexión porque, en una ciudad como Jerez, resulta sorprendente que a veces se repitan sobre nuestros propios vinos prejuicios que nacen, en realidad, de mirarlos con criterios equivocados.

Hemos aprendido, casi sin darnos cuenta, a identificar lo elegante con lo ligero, lo fresco y lo inmediato. Pero conviene detenerse un momento y preguntarse: ¿por qué un vino intenso no puede ser elegante? ¿Desde cuándo profundidad y delicadeza son conceptos opuestos?

Basta acercarse con algo de calma a dos de nuestros grandes vinos para desmontar ese prejuicio. El Oloroso, por ejemplo, nace de una crianza larga, en la que el tiempo concentra aromas, estructura y textura. Esa riqueza natural no produce aspereza, sino continuidad en boca, una sensación envolvente que se despliega con serenidad.

Algo parecido ocurre con el Palo Cortado, quizá uno de los vinos más fascinantes. Criado inicialmente con vocación de Fino y conducido después hacia una crianza oxidativa, mantiene una finura estructural que convive con una profundidad extraordinaria.

Confundir potencia con agresividad es, probablemente, uno de los grandes errores actuales. Y tal vez el problema no esté en los vinos de Jerez, sino en la prisa con la que a veces los juzgamos.

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