O sea el cercano Oeste de nuestra ciudad. Por circunstancias de la vida he estado estos días recorriendo los alrededores de la zona oeste de Jerez. Es sin duda el mundo de las viñas del Jerez, de hecho contemplando un mapa de los viñedos del Marco la zona oeste es la más plantadas de cepas de nuestra uva palomino, y como todo el mundo sabe eso sucede porque coincide con la distribución de la tierra albariza.

Esa tierra blanca que configura el paisaje ondulado de nuestros cerros otorga a nuestros vinos su peculiar personalidad. Esa roca blanca formada por sedimentos de todo tipo, algas microscópicas, plancton silíceo… acumula humedad y permite a las profundas raíces de las vides el jugo que necesita para aguantar los durísimos estíos.

Estas son las fechas en la que se realiza las labores de la poda en las viñas, tanto de forma motorizada como de forma manual y casi artesanal. Y tanto las grandes bodegas como multitud de pequeños viticultores aprovechan los días de bonanza para efectuar estas labores porque en días de lluvia la albariza forma una masa pegajosa, las "pergañas" que dificultan tremendamente la poda. Hasta las perdices los días de lluvia invernales permanecen todo el tiempo en el asfalto para evitar esas incomodas acumulaciones de barro.

Esa zona está recorrida por multitud de carriles, cañadas coladas, vías pecuarias que te acercan a paisajes bellísimos cerca de la urbe. Y en este tiempo otoñal con esas actividades tan ancestrales se retrotrae uno a eso grabados antiguos donde se describían las labores del campo casi arcaicas.

La laboriosidad de esas personas y el amor a su mosto hace que generosamente te ofrezcan un vaso de su joven vino como seña de hospitalidad y caminando por esos parajes se puede uno acercar hasta Sanlúcar para probar su manzanilla o hasta Trebujena para probar su afamado mosto. Brindando con él les deseo un 2021 que nos haga olvidar algún tiempo pasado.

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