No se asusten… Todavía. Quedan algunos años para disfrutar de los 'andariegos sagrarios bien mecidos', como decía el pregonero. Pero se acabará, a Dios gracias. Porque no se trata de que los pasos hayan caído sobre sus hombros, sino que toda la Semana Santa ha caído sobre sus manos, de los de abajo, de profundis.

De profundis, no sólo los capataces y su cohorte de adulones que revolotean por el paso, como cuervos en derredor de la carroña, repitiendo servilmente las órdenes del manijero, con dejo de calle Betis, miarma. Por cierto, miarma está en el diccionario de la RAE desde el 26 de junio de 2017. Cuanto se lo debe Sevilla a su miarma Semana Santa.

De profundis, también muchas de las mujeres de las que se hacen acompañar, ahora llamadas parejas para enmascarar cualquier suerte de amancebamiento, concubinato o barraganería.

De profundis, sus palabras y sus hechos, porque cuando el burro quiere tocar la flauta, a final, la toca y rebuzna.

De profundis, los reporteros, cronistas y articulista, como yo ahora, que escribo de profundis porque arreglado al bodegón, son las moscas.

De profundis, en definitiva, la Semana Santa de la modernidad moderna del modernísimo siglo XXI.

Pero acabará, porque es fingida esa apariencia de verdad. La premisa es falsa. No son necesarios, ni obligatorios. Se puede prescindir de ellos. Es más, se les puede devolver de profundis, sin necesidad de aniquilarlos. Quizás todos fuéramos más felices.

Bien analizado, no llevan tanto tiempo. No se conocen hasta la Guerra Civil, -esa que estalló tras los más de diez mil muertos habidos por el delito de ser católicos y no renegar de ello.- Una pequeña parihuela y un grupo de hermanos, basta y sobra.

La Virgen del Carmen o la Merced iban por ruedas hasta no hace mucho y se veía más público y devoción que ahora. De hecho, en muchas procesiones el número de costaleros quintuplica el de devotos y pueblo, juntamente contados. El Santísimo Sacramento avanza sobre discos que giran alrededor de un eje. Y no pasa nada. Conviene no perder de vista la existencia de la rueda. La rueda nos permite virar y revirar pero también girar, rotar y circular ya sea de modo sólido o neumático. Añadamos la amortiguación que, en el fondo, sirve para compensar y disminuir el efecto de choques, sacudidas y movimientos bruscos del aparato mecánico que, en definitiva, es lo que constituye un paso procesional, "una grande macchina".

Me gustaría, no obstante, que los pasos siguieran siendo 'andariegos sagrarios bien mecidos' y que sus esportilleros quedaran de profundis, anónimos y bajo el palo. Cada uno en su sitio y un sitio para cada uno. Quien quiera palo que tome palo. Compasadamente, de un lado a otro, sin que mude de lugar: como la cuna de los niños; de costero a costero; sin mudarse. Y cuando nadie lo espere y todos lo ansíen, que un golpe fuerte y zurdazo se vea acompañado del atronador agudo de la trompetería.

Por eso: ruedas hay y, ruedas no quiero, pero si lo quieres todo con ruedas me quedo.

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