Entre realidad y ficción, hay un espacio intermedio para la mística, que ubica su reino fuera de este universo. Dependiendo del momento, cada cual es libre de escoger el escenario que más le conviene, dentro de un amplio abanico que va desde lo terrenal a lo divino. Se puede optar por pragmatismo o comedia, e incluso decantarse por fantasías animadas, pero la racionalidad invitará siempre a mantener los pies en el suelo, evitando esos cantos de sirena propios de la seductora fascinación. En este último grupo suele ubicarse la polémica ‘caja tonta’ o televisión, auténtico poder fáctico que lejos de ofrecerse como estandarte divulgativo o escuela de concordia y sabiduría, se exhibe sin pudor como ese otro ‘Gran Teatro del Mundo’, que ni por asomo hubiera imaginado Calderón de la Barca.

La oferta televisiva, pese a una infinidad de canales temáticos, es el peor síntoma de una sociedad (¿enferma?) que prefiere la teatralidad al conocimiento, dando por buena la propaganda subliminal y el embrutecimiento, hasta caer en la más vulgar chabacanería, perdiendo por el camino valores, ética y moral. Hay que usar lupas para diferenciar lo que no es teatro en la televisión generalista, incluso sus informativos. Lejos de la pequeña pantalla, más aprendí en su día sobre la guerra de Vietnam viendo en directo Miss Saigon en Broadway, o cuando asistí siendo muy joven a una representación del grupo teatral La Zaranda con su obra ‘Vinagre de Jerez’, que fue proverbial para entender las complejidades del ser humano en el hábitat que se desenvuelve.

Viendo y sufriendo algunos programas televisivos, no puedo evitar el recuerdo de aquella canción compuesta en 1939 por La Lupe: “Teatro lo tuyo es puro teatro, falsedad bien ensayada, estudiado simulacro. Igual que en un escenario, finges tu dolor barato, tu drama no es necesario, ya conozco ese teatro. Mintiendo qué bien te queda el papel, después de todo parece, que esa es tu forma de ser”. Por ello no me extraña que un amigo médico y profesor haya recurrido a la televisión de Guinea para abstraerse de la locura que vivimos en Occidente. Él me dice que sólo en ella ve una civilización que evoluciona hacia la cordura. Yo, entre tanto, leo por enésima vez ‘Luces de Bohemia’, una obra maestra que no es puro teatro, sino TEATRO PURO…

(*) Jesús Benítez, periodista y escritor, fue Editor Jefe del Diario Marca y, durante más de una década, siguió todos los grandes premios del Mundial de Motociclismo. A comienzos de los 90, ejerció varios años como Jefe de Prensa del Circuito de Jerez.

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