A mitad de la calle Medina, en el n° 49, el estilo regionalista legó uno de sus ejemplares más vistosos en la ciudad. Ladrillo visto, azulejos y piedra crean un armónico contraste de colores. La fachada, casi constreñida por las casas colindantes, es estrecha pero llama la atención por su rica decoración cerámica, su cuidada articulación en tres cuerpos y la peculiar inspiración italiana de sus vanos.

En Jerez el regionalismo sevillano dejó en los años veinte y treinta algunos edificios notables como el Gallo Azul o la estación de tren. Aníbal González, que diseñó el primero e influyó en el segundo, fue, de hecho, el mayor representante de este movimiento, que surge en torno a la celebración de la Exposición Iberoamericana de 1929. En Sevilla el caserío se renovará por esos años con un estilo que se convierte en una seña de identidad local. No es de extrañar, por ello, que en los últimos meses se estén escuchando voces contrarias a la progresiva destrucción de casas regionalistas hispalenses, que, según algunos de sus defensores, están siendo sustituidas por "adefesios sin alma" de arquitectura contemporánea.

Frente a la problemática que supone la gran abundancia de construcciones de este estilo en la capital andaluza, el caso jerezano alcanza niveles mucho más limitados en número. Nos encontramos en un contexto donde, como ha estudiado Aroca Vicenti, va a sobresalir el arquitecto Antonio Sánchez Esteve, autor, entre otras, de la citada casa de la calle Medina o de la no menos característica de la calle Bizcocheros 12. Sin embargo, el regionalismo fue un episodio puntual en la trayectoria de Sánchez Esteve. Y es que supone toda una paradoja que pronto abandonase estas formas tradicionales para abrazar un moderno racionalismo, "sin (supuesta) alma", y convertirse, precisamente, en uno de sus más firmes impulsores en Andalucía.

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