Hace unas semanas hablaba del regionalismo y de Antonio Sánchez Esteve. Se ha destacado de Sánchez Esteve, respecto a su posterior compromiso con el racionalismo, que fue discípulo del arquitecto que hoy nos ocupa, Teodoro de Anasagasti y Algán. Este profesor de la Escuela de Arquitectura de Madrid apostó por una renovación formal y técnica. En este sentido, fue pionero en el empleo del hormigón armado. Su fama le llevó a trabajar para diferentes partes de España. Así, desarrolló proyectos para ciudades como Granada, donde en el Carmen Rodríguez Acosta deja muestras de una personalidad marcada por corrientes como la Secesión Vienesa. El uso de torres de sencillos volúmenes que vemos en ella lo retomará en su obra más conocida para Jerez, el Teatro Villamarta (1926-1928). Anasagasti refleja aquí un compromiso entre innovación y tradición, con una estructura renovada de hormigón a la que se añaden motivos del estilo regionalista vigente, como las dos ostentosas rejas de la fachada principal. Construcción emblemática, por desgracia fue víctima tempranamente de una reordenación urbanística que eliminó gran parte del amplio espacio delantero al levantarse el edificio de Correos, lo que restó perspectivas a su monumental exterior. Asimismo, hay que lamentar las grandes alteraciones de su interior en la rehabilitación de los años noventa o la errada ampliación del hall de entrada.

Aprovechando su presencia en Jerez recibió diversos encargos. En unos, como en las casas 8, 10 y 12 de la calle Armas y las reformas en el Alcázar, tuvo que adaptarse a una clientela más conservadora. Más interesantes son el actual Hotel Casa Grande de la plaza de las Angustias y el antiguo Casino La Gran Peña de la calle Larga, dos edificios situados en sendas esquinas en los que pudo jugar con los volúmenes e incluir pormenores ligados al Art Decó.

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