Línea de fondo

Santiago Cordero

Santiago.cordero@jerez.es

Un niño es un niño

El deporte en la infancia es un juego y no una profesión

AHORA que durante un par de semanas todos los amantes del deporte tenemos puestos nuestros cinco sentidos en el desarrollo de los Juegos Olímpicos de Japón, que el pasado sábado la hinchada española conoció a una jovencita de 17 años, llamada Adriana Cerezo Iglesias, que a punto estuvo de ser medalla de oro  en la modalidad de taekwondo y nos regaló una maravillosa plata, leí por casualidad una noticia que me llamó mucho la atención.

Para conocerla había que mirar a Vigo y conocer la historia de una joven promesa de la cantera del Celta llamado Bryan Bugarín que destacó a finales de mayo en la Liga Promises. Un par de artículos dediqué a lo que rodea dicho evento, uno se titulaba ‘Final de trayecto: fracaso’; y el otro ‘The Dreams League’. Pues bien, resulta que este chavalín de doce añitos, más todo su entorno, se supone que con la firma del papá o de la mamá de Brian, han decidido abandonar la disciplina del “club de sus amores” para fichar por el Real Madrid, con la intención puesta en que en un futuro no muy lejano, cuando deje de ser niño y se convierta en adulto sea el “club de sus millones”.

Partiendo de la base de que cada padre y madre puede educar a sus hijos como les venga en gana y que al mismo tiempo, lo que se hace por los hijos es por buscar su bienestar, creo sinceramente que en muchos casos se nos está yendo la olla a los padres, no a los niños. A los niños no solo les estamos robando la infancia, sino lo que es peor los estamos convirtiendo en monstruos. Monstruos maravillosos si llegan a ser un nuevo Messi o Cristiano,  porque serán monstruos con millones de euros. Pero la estadística nos dice que la gran mayoría de estos niños sufrirán y terminarán como juguetes rotos.

Que el niño Brian Bugarín firme por el Real Madrid entra dentro de lo habitual en el mundo del fútbol, Messi llegó a Barcelona con 12 años también. Pero que Brian Bugarín se despida de sus seguidores y de la afición celtiña, con una carta publicada a través de su cuenta de Instagram, como si fuese el propio Iago Aspas quien se fuera, me parece demencial. Una carta escrita como si fuese una estrella que se marcha tras años de gloria y trabajo. Una carta redactada con un lenguaje adulto y, por ahora, desconocido para el chavalín. Una carta, que de estimarse necesaria debería haberla firmado su padre y/o su madre, manteniendo al niño fuera de todo. Luego nos la cogemos con un papel de fumar y venga a pixelar rostros. Esos padres, hermano mayor, resto del entorno, incluso el patrocinador del niño, Nike, podrían haber dicho algo así como “creemos que hacemos lo mejor por nuestro hijo, gracias a todos” y a otra cosa mariposa.

Mucha suerte a Brian, pero padres, dejad que tenga doce años y solo disfrute jugando, gerundio del verbo jugar. Ya tendrá tiempo para saber las exigencias del fútbol como trabajo o profesión. Felicidades Adriana por tu medalla y por tu nota en la EBAU.

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