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Verificador Navideño
La de Santa Claus con la Inmaculada Concepción es una relación abierta pero que últimamente hace aguas por muchos motivos. Misterios teológicos aparte, la misma apertura que hace que casi nadie se acuerda de ellos hasta que llega un puente festivalero que les dota de significado y más con lo de intenso que está el mundo. Como todo parece relativo y los días son casi correlativos se puede poner en duda lo de la generosidad de Santa Claus y lo de la necesidad de actualización de la carta magna en el día de la Constitución a las puertas de la Navidad, con una movida tremenda con los verificadores, con las guerras cruentas y con las resacas de las zambombas jerezanas. Aunque ahora parece necesario, más que nunca, reivindicar todo lo posible una normativa de convivencia entre estados, autonomías y países, seguidores o no de San Nicolás, fans de los Reyes Magos, hermanos mayores, presidentes de peñas flamencas y, en general, escépticos por naturaleza. Por muy mal que sigan las cosas, Santa sería el mejor verificador neutral que haga ver las verdaderas necesidades de los niños del mundo considerando que pueda tener más criterio en sus cuitas con los magos de Oriente. En cuanto a amnistías, independencias y demás maniobras de entretenimiento, también el tal Claus sería el mejor, dadas sus cualidades pacificadoras y su eficacia a la hora de dar regalos y prebendas por doquier, y en cuanto a las demás necesidades de mediación, cogería una depresión por no dar abasto al tener que mediar en los miles de problemas que nos creamos sin necesidad donde el típico sonido de su risa sería el mejor acuerdo de paz y tranquilidad, riéndose de los humanos y cachondeándose de unos especímenes que necesitan de verificadores para seguir vivos. Pero claro, desde los países escandinavos no sería lo mismo pasarse por Ginebra el día de San Faustino que acabar en casa Faustino tomándose una ginebra.
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