Hace unos días participé en la Ecomarcha Ciclista organizada por Ecologistas en Acción contra las macrourbanizaciones en el litoral de La Janda entre Trafalgar y Tarifa. Un recorrido de este tipo en bicicleta es muy recomendable pues, además de la compañía y el paisaje, te sumerge en un ritmo de paciencia y lentitud en el que también asumes tus limitaciones físicas. En las cuestas, ¡benditos sean el plato pequeño y el piñón grande!

En el litoral de la Janda y Tarifa - privilegiado por sus playas vírgenes y espacios naturales - y en torno al Parque Natural de La Breña, se pretenden urbanizar más de nueve millones de metros cuadrados - cinco veces la localidad de Barbate - para campos de golf, hoteles y viviendas turísticas. Se trata de proyectos en las zonas de Trafalgar (Vejer), San Ambrosio y El Següesal (Barbate) y Atlanterra Golf (Tarifa). Se calcula que, de consumarse estas macrourbanizaciones, se consumirían más de dos millones y medio de metros cúbicos de agua al año, lo equivalente a una población superior a cuarenta mil habitantes. Y lo gracioso es que no se sabe de dónde va a salir el agua. Para lo de Atlanterra - donde las actuales urbanizaciones sufren frecuentes cortes en verano - se pretende traer del Pantano de los Hurones mediante una tubería ¡a través de la playa!, aunque la ley dice que, desde ahí, solo se puede suministrar agua hasta Conil.

Si los tribunales y la sociedad no lo impiden, se colmatará de cemento La Janda al estilo Costa del Sol. ¡Qué pena! No hemos aprendido nada. Vuelve el modelo de especulación y ladrillo que enriquece a unos pocos y condena a la mayoría a un empleo estacional, precario y, en gran medida, pagado en negro y sin cotizar. Un modelo que hace que las crisis económicas sean más fuertes en España y que acerca el cambio climático irreversible.

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