Adicciones atemporales

26 de febrero 2026 - 03:08

Todo el mundo sabe lo que pasa en la calle Nueva de Jerez, en las tres mil de Sevilla o en San Cayetano de Sanlúcar, pero, a la vez, todo el mundo se calla o mira para otro lado o no sabe qué hacer y ni siquiera entiende que puede hacer o dónde acudir. Si en Estella se cierra un mercadillo de fin de semana pues no pasa nada. Si en Barbate hay denuncias y líos, pues más de lo mismo. Si en Bonanza hay persecuciones pues se siente como algo cotidiano que no tiene importancia.

Lo cierto es que estamos en una fase de agonía social en el que el blanqueamiento, la caída de valores y el petaqueo está a la orden del día. En tiempos donde los pobres diablos andan en moto o en bici buscando metadona o anfetas, usando sus móviles como espías y haciendo que sus familias se ahoguen de pena por tanta sin razón no deberíamos quedarnos impávidos sino buscar soluciones a miles de chavales que andan más perdidos que el barco del arroz por culpa de los jinetes de la mierda de las drogas.

Todos conocemos casos cercanos en los que, familias enteras se han visto abocadas a la ansiedad diaria y a la perdida de ilusiones para solucionar adicciones de sus familiares. Algunos, hemos tenido que intervenir de manera profesional para coordinar programas y tratamientos que no tenían que haber existido sin que la lacra que comporta haga acto de presencia.

Pero mientras los políticos no hacen nada, los cuerpos de seguridad se las ven y se las desean y las familias asisten impotentes a la crónica de una muerte anunciada, los equipos pedagógicos y profesionales que deberían buscar estrategias y planes educativos eficaces andan ensalzados en discusiones leoninas sobre presupuestos y auditorías. La educación es la principal arma que existe para crear personas con valores y dar valor a las personas. Sin ella nada es humano y lo peor es que estamos siendo cómplices no haciendo nada al respecto.

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