Desde la ciudad olvidada

José Manuel Moreno Arana

Camino del Calvario

17 de febrero 2026 - 03:08

En medio de un ambiente sombrío, confuso, violento, la mirada de Cristo. Nos persigue, reclamando nuestra presencia, integrándonos en la angustiosa escena. A su lado, la Verónica, que porta el paño con la Santa Faz, comparte el centro de una composición que se articula sobre el eje dramático de la Cruz, que traza una diagonal que rasga el espacio. A un lado, la brutalidad de los sayones que levantan con saña a Jesús contrarrestada por el auxilio del Cirineo; al otro, la piedad muda de la Virgen, San Juan y las santas mujeres, quienes emergen entre la oscuridad delante del grupo que conduce a los ladrones al Calvario. Bajo un dominio de tonos apagados, el pintor utiliza el rojo como un grito visual. Destellos carmín enmarcan la figura caída del Nazareno, mientras una iluminación selectiva y teatral resalta a los principales personajes. La pincelada, suelta y certera, que captura con toques rápidos la tragedia del momento, remite al taller de Juan de Valdés Leal y a otra obra de muy similares características propiedad del Museo del Prado asignada al artista y fechada hacia 1660.

Oculto detrás de este lienzo, conservado en la iglesia de San Miguel, se halló en la última restauración, acometida en 2023 por Manuel Cobo Carrasco, un papel con un texto que nos transmite un mensaje al margen del iconográfico: “Es propiedad del P. Iñiguez y su familia”. La investigación que he dado a conocer en el último número de la Revista de Historia de Jerez permite identificar al donante con Manuel Íñiguez Gutiérrez (1805-1879). Un franciscano exclaustrado, destacado por su labor como historiador de su orden y por su vocación pedagógica y filantrópica, que legó sus bienes a la parroquia tras su muerte.

Esta pintura nos sirve para encaminarnos, un año más, hacia la explosión espiritual y artística del Gólgota. La cuenta atrás comienza mañana.

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