El parqué
Nuevo récord del Íbex
De entre las muchas estupideces que contiene la Constitución, pocas tan absurdas como las llamadas comunidades históricas. Por aquello del café para todos se ha terminado en gambas para unos pocos. Al final, las regiones ricas siguen siendo ricas y las pobres muy pobres. Los catalanes se creen superiores a los demás y ven en los andaluces el servicio doméstico. Los vascuences ricos fomentaron el terrorismo hasta que dejaron de pasar por caja y se tuvieron que ir a vivir a Madrid o Sotogrande, abandonando su histórico País Vasco. Y los gallegos andan espolvoreándose por medio mundo, seguramente, porque allí no hay quien viva del frío que hace.
La verdad del barquero es que se creen superiores por ricos y contra esta superioridad de clase solo quedaría una revolución bolchevique o una cruzada, que tampoco hay nadie dispuesto a librarlas.
Las grandes comunidades históricas; más aún, los grandes reinos de la Corona Hispánica se tragaron el sapo constitucional de calificar como históricas a regiones de nuevos ricos criados al albur de la escuálida industrialización de la piel de toro. Como nuevos ricos, blasonados por la II República, blandieron la panoplia de un historicismo falso y embustero. Con la cara lavada y recién ‘peinao’ se quedó el Reino de León, el Reino de Asturias, el Reino de Castilla y Aragón, el Reino de Sevilla y el de Granada. Y ese Reino de Navarra, última adhesión en la construcción de España. Y todo a cambio de unos nuevos ricos catalanes y vascos, que ni tienen reino ni tienen ‘na’. Quizás tengan dinero, pero no hay mayor pobreza que solo contar con él.
Cuando los paños finos, finos venían de Holanda, como cuenta el romance de la mora de Casablanca, obligaban a todos los españoles a comprar la hilatura catalana tiesa como el esparto, veinte veces más cara y de pésima calidad. Y los altos hornos de Málaga, por arte de birlibirloque, fueron trasladados a las vascongadas y si te he visto, no me acuerdo.
Pero constitucionalmente, no son más que comunidades enriquecidas a la sopa boba y va siendo ya hora de quitarles la sopa o cambiar la constitución.
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