El huevo de la serpiente" es una película de Ingmar Bergman de 1977 que refleja el desarrollo del nazismo en Alemania allá por 1923, diez años antes de la ascensión de Hitler al poder. Se dice que las finas membranas de un huevo de serpiente permiten ver en su interior la progresiva conformación del reptil. Las palizas a judíos con la policía mirando a otro lado, la quema de negocios y cabarets en nombre de una moral hipócrita y puritana y los experimentos clínicos eugenésicos con seres humanos adelantaban lo que en poco tiempo se haría en Alemania casi a la luz del día. Aunque no se veía o no se quería ver, en aquellos años veinte germinaba un monstruo genocida.

Hoy en España asistimos atónitos a una serie de hechos que podrían ser también señales de la incubación de algo tremendo, que ya hemos sufrido durante cuarenta años y que los que lo vivimos difícilmente podemos olvidar. El huevo del fascismo. Recordemos lo ocurrido en la última semana. No es baladí el envío de amenazas y balas al Ministro del Interior, a la Directora General de la Guardia Civil y a Pablo Iglesias. A lo peor no es casualidad que sean un homosexual, una mujer y alguien calificado de comunista. Y Vox llega a ponerlo en duda como algunos, antes y ahora, negaron el Holocausto. Y está también el cartel sobre los Menas que, inexplicablemente, un juez dio por bueno a pesar de la carga de odio y mentira que destila. Después de los Menas ¿qué? ¿Africanos en general? ¿Latinos? ¿Gitanos? Esto es muy serio, no frivolicemos ni callemos. En Jerez, ¿quién no es gitano, o es pariente o amigo de un gitano?

Hay que parar ya la incubación de este huevo fascista. No con balas, como ellos, sino gestionando sabiamente la palabra para formar y convencer y el silencio para despreciar. Y, claro, no votándoles jamás.

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