El parqué
Jornada de correcciones
Cuando los padres del Tomasito se dieron cuenta de las ideas maquiavélicas que el primogénito Torquemada tenía contra los herejes, se miraron y negaron con la cabeza por el regalito que Dios les había mandado, a pesar de ser dominico y servir a unos reyes católicos de la época no borbónica. Claro que las familias del cardenal Cisneros y otros inquisidores de la época tampoco lo pasaron bien. Lo cierto es que ahora, el listón lo están poniendo más alto los actuales dirigentes norteamericanos, rusos, los amigos de los ayatolas y demás caterva israelí, sudanesa o palestina.
El poder como herramienta y la mentira como recurso para llevar a cabo atrocidades que no tienen justificación porque se amparan en certeza propias que ni ellos mismos entienden y que son de dudosa reputación. Todo lo que conlleva esa forma macabra de actuar es intemporal porque, a modo y semejanza de otros ámbitos, los bombardeos, las denuncias, los interrogatorios y las conductas dañinas se basan en el miedo que trasladan a sus víctimas y a la gestión de las emociones en los sufridores. La doble moral de quienes se creen en posesión de su verdad, pero que no son capaces de pensar en la verdad de los demás, y, por ello, ejecutan y matan sin vergüenza auto afirmándose en los hechos y ratificando que los humanos somos la única especie que es capaz de destruirse poco a poco sin miramientos.
Lo cotidiano también tiene ejemplos. Sin ir más lejos en las mujeres víctimas de machistas asesinos, en las cuitas entre vecinos, concejales, cofrades e incluso familiares, que, a menudo viven rencillas personales y enfrentamientos de poder que, a otra escala, supone un alegato inquisitorial a estudiar. De capirotes, hogueras y brujas ya sabíamos. De demonios en los dormitorios, de otros montados en misiles y de psicópatas de la guerra estamos aprendiendo ahora.
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