El parqué
Siguen las fuertes caídas
En 1978, el disidente checo Václav Havel, quien más tarde sería presidente, escribió un ensayo titulado “El poder de los sin poder”, y en él planteó una pregunta sencilla: ¿cómo se sostenía el sistema comunista?
Su respuesta comenzaba con un verdulero.
Cada mañana, este comerciante colocaba un cartel en su escaparate: “¡Proletarios del mundo, uníos!”. No creía en ello, nadie lo hacía, pero lo colocaba para evitar problemas, para mostrar obediencia, para seguir adelante. Y como cada comerciante en cada calle hacía lo mismo, el sistema persistía, no solo por la violencia, sino por la participación de personas comunes en rituales que en privado sabían que eran falsos. Havel llamó a esto vivir dentro de la mentira. El poder del sistema no provenía de su verdad, sino de la disposición de todos a actuar como si fuera verdadero, y su fragilidad provenía de la misma fuente. Cuando incluso una sola persona deja de actuar, cuando el verdulero quita el cartel, la ilusión comienza a resquebrajarse.
Amigos, ha llegado el momento de que las empresas y los países quiten sus carteles”.
Estas fueron las primeras palabras de la brillante intervención de Mark Carney, primer ministro de Canadá, en el Foro de Davos de hace unos días. Un ejemplo de elegancia y lealtad en la forma de llamar a las cosas por su nombre: la ruptura del orden mundial y del Derecho Internacional que está llevando a cabo el presidente de la nación más poderosa del mundo (EEUU).
Palabras de Carney que, por supuesto, suscribo al cien por cien y que no necesitan de muchos más comentarios para ser entendidas. Palabras que, por su valor, merecen ser divulgadas al ser igualmente aplicables a otros órdenes de la vida (políticos, económicos, empresariales, sociales…).
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