1964: Conmoción en Jerez por la muerte de Manuel Leyton ‘El Coli’

Manuel Leyton ‘El Coli’.
Manuel Leyton ‘El Coli’.

07 de enero 2026 - 05:37

La ciudad se tiñó de luto. A las ocho de la mañana del lunes 17 de agosto de 1964 llegaría a la ciudad, trasladado desde el Sanatorio de Toreros de Madrid, el cadáver del jerezano Manuel Leyton ‘El Coli’, quien formó parte de numerosas cuadrillas durante su dilatada vida taurina. Las escenas de profunda emoción se sucedieron en la misma puerta principal de la referida clínica entre la multitud de “maletillas” allí congregados y los familiares del finado que fueron llegando desde Jerez. La cuadrilla, a la que pertenecía, rota de dolor, permaneció, completa, velando el cadáver durante toda la noche. ‘El Coli’ contaba sólo con 46 años. Fue novillero pero no consiguió el triunfo deseado, de modo que prosiguió en la profesión en calidad de peón. Estuvo a las órdenes de Ordóñez, quien siempre le profesó alta estima y patente consideración tanto en su doble condición de torero y amigo. En la misma jornada del 17 de agosto precisamente hubiese tenido que torear en Santander. Pero el destino fatal se cruzó en su arte, en su buen hacer, como la sangre derramada de un aciago final…

La tragedia se desencadenó dos días antes. 15 de agosto para los anales de la historia del toreo. Vestido de morado y azabache, Manuel Leyton Peña hizo su último paseíllo. Aconteció en Las Ventas. Actuaba en aquella época al mando del todavía novillero José González ‘Copano’. En su número del 18 de agosto el prestigioso semanario ‘El Ruedo’ iniciaba sus contenidos con la puntual información necrológica: “El 15 de agosto, día de la Virgen, no hay pueblo de este suelo que Dios nos dio sin su fiesta grande, y mueren muchos toros en este día. En la primera plaza del mundo también ha muerto un torero. El novillo, ‘Cuatrero’ de nombre, número 88, negro bragao, ligeramente bizco, fuerte, con presencia y potencia y a las puertas de ser toro, trotó por la arena con la seriedad caliente de una guadaña al sol de agosto. En el 8 le esperó Manuel Leyton Peña ‘El Coli’, de morado y azabache. Dos lances dio, que nunca los hubiera dado; le atropelló ‘Cuatrero’, le recogió y empitonó, lanzándole contra las tablas. Cuando el milagro del quite se produjo en el capote del subalterno Mario Cuhelo, Cuatrero -de la vacada de Rodríguez Arce- había sacudido la muerte de sus pitones”.

Con palabras desgarradoras continúa el texto: “La noticia de la muerte llegó arañando los tendidos cuando las mulillas arrastraban a ‘Rondeño’, tercer novillo de la tarde, y aquí terminó la corrida. Copano, a cuya cuadrilla pertenecía ‘El Coli’, corrió la plaza para venir a llorar entre picadores. ‘El Pepe’ lloró contra las tablas. El ‘Estudiante’ y los demás toreros en el ruedo hacían gestos negativos a la presidencia. Cayó el silencio y se elevó un padrenuestro. Después, un clamor dio la vuelta al ruedo y los altavoces suspendieron la corrida”. Nada pudo hacerse para salvar la vida del destacado hijo de Jerez. Manuel Leyton,

tan pronto llegó a la enfermería de la plaza, fue atendido por los doctores señores De la Torre y Giménez Guinea. Ninguna posibilidad estuvo al alcance de estos reputados profesionales sanitarios. Únicamente certificar la defunción. El dictamen forense decía textualmente así: “Herida producida por asta de toro en la región costolumbar izquierda con trayectoria ascendente, con estallido de bazo, perforación del tamaño de una moneda de cinco duros, perforación del diafragma, rotura de pleura y gran hemopericardio y desgarro de la cara posterior del ventrículo izquierdo (corazón)”.

La muerte fue instantánea. El novillero José González ‘Copano’, y sus compañeros de cuadrilla Cristóbal Morales, Antonio Ponce, Eugenio Cobos, el picador Emilio Parra y el de la cuadrilla del ‘Estudiante’ depositaron los restos del infortunado en la furgoneta que lo trasladó a Jerez. Como anécdota, y ya arrancando hacia la carretera, la furgoneta sufrió una avería cuya consecuencia interrumpió el tráfico de los vehículos que se dirigían a la plaza de las Ventas. A las tres de la madrugada llegó el coche fúnebre a Córdoba. Le acompañaban desde Madrid seis vehículos más, ocupados por los miembros de la cuadrilla de ‘Copano’, familiares y amigos. Rafael Junquera, mozo de estoques de ‘Copano’, informa que en Córdoba se uniría a ellos el matador José María Montilla. El entierro tuvo lugar a las seis y media de la tarde. El féretro partió desde el número 10 de la calle José Luis Díez hasta el cementerio de Nuestra Señora de la Merced, con detención en la Catedral, para las exequias. En todas las plazas de España con festejos el domingo 16 se guardaría un minuto de silencio por ‘El Coli’. Igualmente las cuadrillas hicieron el paseíllo montera en mano y luciendo brazaletes negros.

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