30 Festival de Jerez: un festival con criterio y con futuro

José Manuel Gamboa, periodista, productor musical y analista técnico de la SGAE; Kioko Shykaze, periodista japonesa; y Carlos Granados, director del Festival.
José Manuel Gamboa, periodista, productor musical y analista técnico de la SGAE; Kioko Shykaze, periodista japonesa; y Carlos Granados, director del Festival.

08 de marzo 2026 - 03:08

Hay festivales que simplemente suceden. Y hay otros que, además de suceder, construyen un camino. El 30 Festival de Jerez pertenece claramente a esa segunda categoría: la de los proyectos culturales que no se limitan a programar espectáculos, sino que consolidan una identidad y señalan un rumbo. Dirigido por Carlos Granados Dueñas, esta trigésima edición ha demostrado que el festival atraviesa un momento de madurez serena y, al mismo tiempo, de ilusión renovada. Una programación pensada con criterio, con sensibilidad y con una mirada amplia que entiende la danza y el flamenco como territorios vivos, en constante diálogo entre tradición y contemporaneidad. La programación ha sido rica, diversa y estimulante. Flamenco, danza española y propuestas contemporáneas han convivido con naturalidad en una edición única en Europa, que ha apostado por grandes figuras, pero también por miradas nuevas, por creadores que empiezan a ocupar un lugar cada vez más visible en el mapa artístico. El público ha respondido con entusiasmo. Las cifras hablan de una ocupación en la que han predominado los llenos a absolutos, una circunstancia récord en la historia del festival, algo que confirma no solo el atractivo de la programación, sino la confianza que el público deposita en el criterio del festival. Ese público es, además, plural. Conviven en las butacas aficionados jerezanos, espectadores llegados de distintos puntos de España, prensa especializada, profesionales del sector, cursillistas, artistas y una presencia internacional que vuelve a situar a Jerez en el centro del mapa mundial del flamenco y de la danza.

Pero si hay un latido que define al Festival de Jerez, ese es el de los cursillistas. Ellos son el alma del encuentro procedentes de todos los rincones del planeta que llegan a la ciudad para aprender, convivir y sumergirse durante dos semanas en el universo flamenco y la danza. No es casual que los cursos se agotaran prácticamente el mismo día de su puesta a la venta, una señal clara de la vitalidad de un modelo pedagógico que sigue siendo único.

El festival también ha reforzado su dimensión reflexiva. Las ponencias, encuentros y conversatorios celebrados durante estos días han sido un éxito permitiendo abrir espacios de diálogo donde artistas, investigadores, maestras, agentes culturales, periodistas y programadores han compartido ideas, análisis y propuestas para el futuro de la danza y del flamenco. De esos encuentros emerge una sensación clara: el Festival de Jerez no es solo un escaparate artístico, sino también un lugar donde se piensa el arte. En ese escenario, el Teatro Villamarta sigue siendo el gran corazón escénico del festival. Su escenario continúa siendo el lugar donde se consolidan trayectorias y donde las grandes figuras se encuentran con un público exigente y apasionado. Al mismo tiempo, se abre paso una nueva generación de creadores que amplía la nómina de nombres imprescindibles en el panorama actual.

Nada de esto sería posible sin el trabajo silencioso y constante del equipo de Fundarte y del Teatro Villamarta. Un grupo de profesionales que, día a día, con esfuerzo, precisión y un notable espíritu de sacrificio, convierte la complejidad de un festival internacional en una maquinaria cultural que funciona con admirable eficacia. En cada función, en cada curso, en cada actividad paralela, hay detrás horas de trabajo invisible que sostienen el pulso del festival. Ese esfuerzo colectivo encuentra además el respaldo de un Ayuntamiento que observa el festival con especial interés, consciente de que se trata de uno de los grandes activos culturales de la ciudad. Junto a él, distintos agentes institucionales, culturales y sociales -tanto desde el ámbito del gobierno como desde la oposición- han entendido que este tipo de acontecimientos forman parte del patrimonio vivo de Jerez y merecen un apoyo transversal. Porque el Festival de Jerez no pertenece a una sigla ni a una legislatura: pertenece a la ciudad. La proyección exterior del festival ha tenido también un momento especialmente significativo con su presentación en el Centro de Danza Matadero de Madrid, uno de los espacios de referencia en el panorama coreográfico internacional. Aquella jornada reunió a instituciones, programadores, artistas y agentes culturales en un encuentro que fue al mismo tiempo acto de prensa, espacio de convivencia y plataforma de proyección para el festival. Todo ello confirma algo que ya es evidente: el Festival de Jerez une, conecta y genera comunidad. Artistas, estudiantes, público, investigadores y periodistas forman parte de una familia cultural que encuentra en esta cita anual un lugar de encuentro. Y ese encuentro tiene un escenario claro: Jerez de la Frontera. Treinta años después de su nacimiento, el festival no solo mantiene intacto su prestigio, sino que refuerza la marca Jerez como uno de los grandes referentes internacionales en el ámbito del flamenco y de la danza. En un mundo cultural cada vez más acelerado y efímero, el Festival de Jerez ha demostrado que la verdadera fuerza está en combinar raíces profundas con una mirada abierta al futuro. Treinta años después, el festival no vive de la nostalgia. Sigue bailando hacia adelante. Y lo hace con criterio, con visión de futuro y vaya usté condió.

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