Enrique García Máiquez

Bienvenido Mr. Máiquez

Su propio afán

10 de julio 2016 - 01:00

NO entiendo a los que protestan de que la visita de Obama a Rota sea muy corta. Comprendo, claro, que calculen que harían más promoción turística con un Obama tomando el aperitivo en La Ballena como Pedro Sánchez en Mojácar, pero me temo que no captan el sentido del símbolo. Han interiorizado que sólo se viaja por turismo, pero Obama viene a pagar un homenaje a los efectivos norteamericanos destacados en Rota, y lo que vale no es su estancia, sino su venida. Mucho más, si cabe, tras la cancelación del viaje a Sevilla, dejando claro que una cosa era la diversión y otra, el servicio.

Menos aún entiendo a los que protestan de que venga. Recuerdo la vieja soleá sobre mi pueblo: "El Puerto, ciudad maldita/ porque empieza en un penal/ y acaba en los jesuitas", que podría trasladarse a la provincia: "Cádiz, provincia sajona:/ los ingleses en la Roca/ y los useños en Rota". Lo curioso es que, con esa tendencia ibérica a la polarización, las izquierdas se mofen de las derechas cuando se duelen por Gibraltar mientras protestan airadamente por la Base de Rota. Lo de Rota, sin embargo, es respetuoso con nuestra soberanía, comprometido con nuestra seguridad y leal con nuestra economía, mientras lo de Gibraltar, para decirlo pronto, no.

Yo, como manda la polarización, estoy con la Base, entre otros motivos más geopolíticos, por mi vecindario. En Pamplona se decía que si el que iba delante tuya no era cura y el que iba detrás tampoco, el cura eras tú. De mi calle puede repetirse lo mismo: si el de la casa de al lado no es americano ni tampoco el de enfrente, el yankee en su home eres tú. No es mi caso, pues estoy rodeado. Ya conté como en las noches de verano abro la ventana, y me hago un listening muy refrescante con las nostalgias de Nebraska de mis vecinos. El otro día describí la colaboración del americano de enfrente en las tareas de extinción de la valla ardiente. Cuando recogían a los niños del colegio, en la parada de autobús, se veía cuántos son. En vacaciones, más desperdigados, se les ve paseando a buen ritmo.

Se dejan sentir tanto en la zona que, a veces, tengo la fugaz sensación de que soy yo el que está de visita. "Bienvenido, Mr. Máiquez", me digo, agradeciendo que me permitan disfrutar de una sensación directa y auténtica de la América profunda sin tener que cruzar el charco. Ahora, para colmo, viene el presidente, nada menos, para darle a la cosa más empaque.

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