Durante la pasada Semana Santa, tras la retirada del andamiaje que ocultaba su fachada, se han podido observar el resultado de los trabajos acometidos sobre la antigua Casa del Abad, situada en la plaza de la Encarnación, junto a la torre catedralicia. Esta intervención lleva meses despertando atención y curiosidad. La causa de esta expectación no es otra que la posibilidad de confirmar las hipótesis que distintos investigadores han planteado sobre su origen medieval y sobre su pertenencia a la primitiva Colegial de San Salvador, la misma que se supone asentada sobre la mezquita mayor o aljama de Jerez. Pues bien, la retirada de los revocos ha dejado los paramentos exteriores desnudos, revelándonos su semblante, enmascarado bajo una apariencia dieciochesca. Hasta ahora lo más llamativo era, de hecho, la portada de piedra barroca añadida en 1767, año que aparece inscrito sobre ella. Sin embargo, este edificio, que por aquel tiempo pasaría a cumplir la función de contaduría y sala capitular, no era de nueva planta. Para él se reutilizaron los dos lados que quedaban del antiguo Patio de los Naranjos anexo a la vieja iglesia, aquella que se derribó para levantar la presente Catedral a partir de 1695. Dentro de la muy compleja historia del conjunto arquitectónico en el que se integraba este claustro, se sabe que una parte de este último se usó como capilla funeraria e incluso, avanzada la obra del actual templo, fue usado como iglesia provisional. Quizás estos restos hayan llegado a nuestros días gracias a todos estos sucesivos reaprovechamientos, hasta servir, ya en fechas más recientes, de vivienda del deán.

Una serie de arcos de ladrillo de estética islámica aparecen hoy ante el viandante como vestigios de aquel patio. ¿Son almohades? ¿Tal vez anteriores? ¿Acaso mudéjares? El estudio arqueológico podrá sacarnos de dudas.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios