Manolo Romero Bejarano

Casas y palacios medievales en Jerez

La bonanza económica que se empezó a vivir en Jerez a partir de la Batalla del Salado (1340) no sólo benefició a La Iglesia, institución que poseía grandes superficies de tierra cultivable y que cobraba tributos que gravaban la productividad agraria. La nobleza guerrera (pero también terrateniente) vio aumentar sus rentas con el paso de los años, hasta el punto de que podamos afirmar que a finales de la Edad Media había ciudadanos poseedores de fortunas fabulosas, como era el caso de Alvar Obertos de Valeto, caballero jerezano fundador de La Cartuja de Santa María de la Defensión.

Es evidente que estos caballeros habitarían grandes mansiones, en muchos casos palacios heredados de la época musulmana, pero desconocemos el alcance de las intervenciones realizadas en los mismos durante los siglos XIV y XV, pues no tenemos noticias de obras conservadas. Las razones de esta sequía pueden ser varias. Por un lado estarían las reformas efectuadas en las casas señoriales en la Edad Moderna, que habrían borrado la huella de estas intervenciones, pero nos bien nos inclinamos a pensar que si no existen vestigios de arquitectura civil bajomedieval en Jerez hasta época muy tardía no es porque se hayan perdido, sino porque las intervenciones realizadas no tendían a embellecer los edificios. Desde el reinado de Pedro I la nobleza local comenzó a alinearse en dos bandos irreconciliables que en varias ocasiones llegaron a mantener verdaderas batallas campales en el casco urbano. La situación, que se prolongó hasta la época de los Reyes Católicos, sumió a la ciudad en un estado de inestabilidad que tuvo su reflejo en la arquitectura civil. Tal y como indiqué en otro trabajo(1), Jerez contaba con numerosas casas fortificadas, a modo de castillos urbanos, en los que atrincherarse en caso de que el conflicto de las banderías estallase. La paz no llegó hasta 1477, cuando Isabel y Fernando entran en Jerez. La política de estos monarcas era tendente a evitar en el futuro situaciones como la que habían causado los bandos, por lo que iniciaron una campaña de control de edificaciones civiles privadas, prohibiendo que sus propietarios las fortificasen. Aún así, en el dibujo de Antón van der Wyngaerde (fechado en 1467) aún se puede cómo alguna de esas casas fortificadas seguía en pie.

El único caso conservado en el que hemos podido encontrar vestigios de este fenómeno es el llamado palacio de Ponce de León. Fray Esteban Rallón presumía que el edificio podría haberse construido en torno a 1455, por orden de Enrique IV, que en ese año visitó Jerez(2). En 1464 (y siempre según los datos aportados por dicho historiador) el monarca donó sus reales casas a Esteban de Villacreces, en pago a los servicios prestados en la guerra. La casa terminó por recaer en la familia Ponce de León en el siglo XVI, época en la que se labraron el famoso balcón esquinado y el patio tardogótico.

Si observamos la casa concierta perspectiva, en especial cuando lo hacemos desde la plaza Belén, comprobamos que la estructura general del edificio recuerda bastante a la de un castillo, pues en las esquinas podemos hallar unas estructuras que muy probablemente fuesen en su día torreones.

Como se ha dicho, el problema de las banderías se vió apaciguado con la visita de los Reyes Católicos en 1477. Quizás nos aventuremos demasiado, pero creemos que es a partir de este momento cuando la arquitectura doméstica señorial va a abandonar su aspecto fortificado, surgiendo en este momento las primeras portadas civiles. Tres son las fachadas jerezanas que pueden datarse en este periodo. Las tres presentan una estructura cuadrada enmarcada por un baquetón. En todas, el vano es cuadrado y el dovelaje queda muy marcado, dándose la circunstancia que las dovelas de la zona superior se unen mediante una línea ondulada. La mejor conservada de estas portadas es la de la llamada Casa del Pantera (en realidad construida por una rama de la familia Ponce de León) de la calle San Blas, pero hay otra idéntica en la calle Cantos, y otra en la calle de las Siete Revueltas, formando esta última parte del convento de Santa María de Gracia.

Oficialmente el convento de monjas agustinas de Santa María de Gracia se funda en 1526, cuando Francisca de Trujillo, hija de Diego de Trujillo y Catalina Alonso, dona a la Orden de San Agustín "unas casas que son en esta dicha Ciudad de xerez en la Collacion de San Juan que fueron de la morada de los dichos mis padre e madre", especificando que "en las quales dichas casas yo he comensado a edificar en ellas monasterio que sea de monjas para que en el permanescan perpetuamente para siempre Jamas y estan en ellas hechos altares y locutorio y tribuna"(3). Del documento se deduce que los padres de Francisca de Trujillo habían muerto hacía algún tiempo, pues la fundadora había podido construir ciertas dependencias destinadas a la nueva función monástica del edificio. Además, la casa perteneció a sus padres, quienes se encargarían de labrarla algunos años antes de su muerte, por lo que no sería descabellado afirmar que la portada que sale a la calle de las Siete Revueltas es la portada original de las casas de Diego de Trujillo y Catalina Alonso, que habría sido construida en torno a 1500. Si bien con una fecha un poco imprecisa, podemos ubicar en el tiempo la construcción de las tres primeras fachadas monumentales de casas señoriales jerezanas de las que tenemos constancia.

NOTAS

1. ROMERO BEJARANO, Manuel: Santas cosas son llamadas los muros. Arquitectura militar en Jerez durante el siglo XVI. Jerez. Ayuntamiento de Jerez. 2008. pp. 132 y ss.

2. RALLÓN Y DE MARCADO, Esteban: Historia de la Ciudad de Jerez de la Frontera y de los Reyes que la dominaron desde su primera fundación. Cádiz: Universidad de Cádiz. 1996. Tomo II, p. 259.

3. Archivo de Protocolos Notariales de Jerez de la Frontera. 1782. Juan Guerrero Espino. Fol. 196. 10 de junio. Se trata de un traslado de la escritura de fundación original, fechada el 4 de octubre de 1526.

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