Ad hoc

Manuel S. Ledesma tribulete2@telefonica.net

'Ecce homo'

 LA expresión latina ecce homo significa “he aquí el hombre” y fue, según el Evangelio de San Juan, la que usó Poncio Pilatos al presentar Jesús a los judíos después de que éste hubiese sido brutalmente apaleado  por los verdugos romanos. Al mostrarle con tan deplorable aspecto, la intención del prefecto romano era suscitar la misericordia de una multitud empeñada en crucificarlo, pero al no cejar la chusma en su exigencia de dar muerte a Jesús, Pilatos pidió una palangana con agua y se lavó las manos desentendiéndose a medias (permitió la crucifixión) del asunto. La representación pictórica o escultórica de Cristo en este lamentable estado recibe el nombre de ecce homo y, derivadamente, la expresión “parecer un eccehomo” se aplica a alguien que tras algún infortunado suceso presenta un lastimoso aspecto físico. 

En estos días, la expresión se ha puesto de moda (es trending topic que dicen los listillos) a consecuencia de la calamitosa actuación de una anciana –con ínfulas de pintora– sobre el deteriorado ecce homo de la desconocida iglesia de un desconocido pueblo zaragozano. A la luz del resultado de su labor restauradora, se advierte que no han bastado ni su interés ni su buena voluntad para convertirla en eficaz émula de Caravaggio y así puede decirse –valga la reiteración de frases hechas– que ha dejado el eccehomo… “hecho un cristo”. Lo desconcertante es que tan chapucera faena haya hecho famosa a la artista, a la iglesia, al pueblo y a la pintura original que, dicho sea de paso, no mejoraba mucho al adefesio actual. 

Para más inri (otra frase venida al pelo) y por esas azarosas coincidencias que tiene la vida, unos cuantos personajes nacionales  han visto sus vidas expuestas, como el ecce homo, al caprichoso albur de la plebe. Uno es el privilegiado futbolista Cristiano Ronaldo quien, a pesar de tener en astronómicas cantidades cada una de las tres cosas que, según se dice, garantizan la felicidad: salud, dinero y amor, ha sido tan tonto del culo como para quejarse públicamente de que está triste y le falta cariño en un país en que una multitud de gente desesperada empieza a hacer colas en los comedores de caridad. La segunda es otra inocente criatura que ejerce de concejal (socialista) en un (hasta ahora) ignoto pueblo toledano. Media España ha contemplado a la señora concejala practicando el noble arte de la masturbación y aunque tal actividad carece de connotaciones negativas (desde hace poco, en la escuela se le recomienda a los niños como ejercicio de autoconocimiento e incluso en Andalucía –siempre en vanguardia– se está elaborando un mapa del clítoris para orientar a las inexpertas a través de sus procelosos territorios) no deja de ser un acto íntimo y, salvo que se practique profesionalmente, es de pardillos grabarlo y utilizar los pirateados caminos de internet para hacerlo llegar a su destinatario. Sin embargo el más perturbador es el terrorista enfermo que ejerce de un ecce homo apócrifo al que el caritativo gobierno de Rajoy se empeña en poner en libertad ya que, a todos los efectos, es como si Pilatos quisiese convencer a la plebe de que no es Jesús quien merece ser liberado sino… ¡Barrabás!

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