Su propio afán
Enrique García-Máiquez
Un pronóstico a ciegas
Las personas que te quieren siempre tienen tiempo para ti. Ese era Luis Gonzalo, el amigo bueno, constante, generoso. Eternamente joven, activo, constructivo, intenso, alegre, dadivoso. Hoy he llorado por ti, por tu marcha, porque ya no me enviarás tus hermosas obras en catarata, inundando mi WhatsApp, abrumando mis ojos, mi corazón, pero llenando de alegría el enorme cariño que nos profesamos. Sí en presente, porque quedan para siempre los recuerdos, los trabajos compartidos, las ilusiones cumplidas y tus enormes atenciones. Creo que todos los que tuvimos la suerte de tenerte en nuestras vidas tenemos un regalo, un detalle tuyo, te encantaba alagarnos y regalarnos. Qué bonito mi regalo Luis, esa pequeña cerámica en la que me plasmaste tan guapa, con esas veladuras que tú llamabas “florentinas” y que recibí agradecida porque si tú me veías así, así tengo que ser yo. Mejorabas todo Luis, porque tu corazón era noble, enorme, espléndido.
También profundamente universitario, hoy me ha avisado de tu partida nuestro querido amigo José María Mariscal: “Hasta el final trabajando”, me ha dicho. Qué bonita toda la obra que atesoramos en tu Universidad, tu querida Universidad de Cádiz. El emotivo y onírico retrato del rector Sales. Tus murales en el Campus de Puerto Real, tu campus ingeniero, artista, humanista, creador constante. Tus dibujos en el Departamento de Anatomía de la histórica Facultad de Medicina, tu hermosa serie de grabados dedicados a la Tauromaquia, nuestro repostero…. Doy gracias a la vida de haber podido trabajar contigo en Jerez desde Cultura y en nuestra universidad compañero, amigo, querido Luis. Tu obra donada a la UCA está protegida por el Inventario del Patrimonio Cultural de las Universidades Públicas Andaluzas. No mereces menos. Un lenguaje personal, vibrante, intensamente cromático, de gran movimiento y capacidad expresiva. Luis, tu trazo y tu impronta son inconfundibles. Tu repertorio iconográfico absolutamente personal, al igual que tu inventiva y tu entrega constante al trabajo: cuántos bocetos son auténticas obras de arte que regalabas a los retratados. Pruebas y ensayos propias del científico que eras y que luego entregabas como uno homenaje al amigo, convertidas en obras de arte. Porque sí, cada persona que coincidía contigo merecía tu estima y tu lealtad.
Y qué decir de tu amor por tu tierra. Tu hermosa familia vive en mi querido Cádiz, pero tú siempre has ejercido y presumido de jerezano con mayúsculas: tus retablos cerámicos, tus constantes donaciones de obra gráfica, tus hermosas composiciones textiles que adornan y significan nuestro salón de pleno municipal, tu adorado barrio de la Plata y nuestra Hermandad de la Candelaria. Luis, qué vida más bonita, fructífera y plena. Un abrazo enorme a su familia y a todos los que tuvimos la suerte de disfrutarte.
Sigue acordándote de mí, sigue sonriéndonos. Nunca podré olvidarte.
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