Un pronóstico a ciegas

10 de enero 2026 - 03:06

Yo, como mi doble colega (columnista y lector) César Romero, no he leído la muy exitosa novela La península de las casas vacías, de David Uclés. Trato de aplicarme el sapientísimo consejo del marqués de Tamarón de no leer títulos que tengan menos de cien años, salvo los escritos por los amigos. No lo consigo: por un lado, porque también hay clásicos más recientes; por otro, porque mis amigos escriben mucho y, a veces, les pierdo el ritmo. Con todo, el consejo de Tamarón me excusa de la lectura de Uclés, y es otra cosa que agradecer al marqués. Sí he seguido, en cambio, las críticas, con los bochornosos ejemplos de su prosa que algunos han extraído. Han sido de alipori, porque otros habían defendido el libro, y no han salido indemnes del contraste.

Ahora, ese mismo Uclés acaba de ganar el premio Nadal con La ciudad de las luces muertas, una nueva novela que tampoco me precipitaré a leer. Cuando Juan del Val ganó el premio Planeta dije que los premios no son garantía de nada, ni siquiera de lo contrario. Sin embargo, como sí he leído con atención a René Girard y su teoría del contagio mimético, voy a atreverme a hacer un diagnóstico de lo que va a ocurrir con la crítica.

La van a poner mal.

Quienes destriparon La península de las casas vacías encontrarán sin dificultad los mismos tics y anacolutos, y aprovecharán la ocasión para reafirmarse. Quienes pusieron los ojos en blanco se fijarán ahora un poco más y aprovecharán la oportunidad de desdecirse con elegancia: “No ha confirmado las expectativas que levantó con la anterior obra, a la que se le perdonaron algunas faltas por su audacia juvenil y por el efecto sorpresa”. Más o menos. Tal vez alguno de los que aclamaron se conforme esta vez con guardar silencio. No creo que nadie corra a aplaudir fervorosamente. El premio Nadal no habrá hecho un buen negocio: se le habrá visto el plumero sin amortizar la jugada.

No deseo que pase, ojo: pronostico mientras procrastino. Mi deseo es que Uclés haya aprovechado las críticas más perspicaces a su anterior libro y se haya marcado ahora una obra maestra. Sus primeros fans dirían que vieron venir el talento con ojos de águila; sus detractores replicarían que ahora los otros pueden apreciar la diferencia. Y todos tan contentos. Yo hasta leería la novela. Pero mi apuesta es que no.

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