Lecturas contra el coronavirus

Jesús Rodríguez

El afinador de fuentes (Capítulo 59)

Botas de brandy en una bodega del Marco de Jerez. Botas de brandy en una bodega del Marco de Jerez.

Botas de brandy en una bodega del Marco de Jerez.

A la mañana siguiente Jacobo visitó a don Julián Ceballos en su casa.

–Don Julián –le dijo–, quiero contratarle para que interprete cada día en la fuente que hemos instalado en la bodega unas partituras que he compuesto. Si está de acuerdo, me gustaría que empezara mañana mismo.

–Estaré encantado, Jacobo. ¿Qué partituras son esas? ¿Conozco las composiciones?

–No, no las conoce. Se trata de una idea que estuve experimentando en Italia, junto con un filósofo y Farinelli. Ya se lo contaré más despacio, pero en síntesis consiste en despertar sentimientos o sensaciones entre quienes oyen una melodía. He creado dos composiciones para la fuente de la bodega: una provoca paciencia; la otra, sosiego, que son virtudes esenciales para la crianza del brandy. En cuanto usted comience a interpretarlas la bodega se convertirá en un recinto de calma.

–Pero eso es asombroso, Jacobo. No habrá en el mundo brandy más extraordinario que el tuyo.

–No solo eso. Don Gervasio, el director de la bodega, está empezando a construir en ella un balneario en el que la gente, en lugar de bañarse en agua, se bañe en brandy. Tenemos un estudio médico que sostiene que dos horas sumergido en brandy, además de dejar la piel sedosa, tonificada y fresca, hace desaparecer ansiedades y angustias. La bodega se nos va a llenar, según dicen los expertos, de esa gente que anda siempre sometida a una presión constante por su trabajo, sus negocios o sus obligaciones: reyes, jefes de Estado, políticos, grandes empresarios… Si a esas propiedades del brandy unimos la música que he compuesto, creo que nuestro balneario va a ser el más visitado de Europa… del mundo.

–Te vas a hacer todavía más rico de lo que eres, Jacobo. Todos te van a considerar como el Rey Midas.

–No. Yo no convierto en oro lo que toco. La idea es de mis colaboradores... Incluso ‘El Tabardillo’ ha aportado una que estamos estudiando.

–¿‘El Tabardillo’, una idea? Seguro que tendrá que consistirá en algo de beber vino.

–No anda descaminado del todo –respondió Jacobo riéndose–. En cuanto le contamos el proyecto del balneario preguntó: “¿Y qué vais a hacer con el brandy usado para que los clientes se bañen?” No teníamos respuesta porque nadie se lo había planteado. Con la rapidez que tiene para aprovechar todo lo que tenga que ver con ganar dinero, dijo: “Lo suyo es vendérselo a quien lo haya usado, diciéndole que está enriquecido con sus problemas, y que la mejor manera de acabar para siempre con un problema es bebérselo”.   

–‘El Tabardillo’ no da puntada sin hilo… Sobre todo, cuando el hilo envejece en botas –replicó don Julián con una sonrisa–.

–Tiene razón. Pero volvamos al principio de nuestra conversación. Me gustaría que usted interpretara cada día esas partituras en la fuente de la bodega, ocupándose además de que esté siempre bien afinada. Sus conocimientos de música son muy extensos y creo que solo necesitaría una tarde para aprender a tocar el instrumento.

–Por supuesto que puedes contar conmigo. Es un honor trabajar para ti, y además…Apareció entonces doña Catalina, que, evidentemente, estaba escuchando desde detrás de la puerta. 

–¿Y cuánto has dicho que le vas a pagar a mi marido? –preguntó.

Don Julián se sonrojó. Jacobo respondió sonriendo:

–No lo he dicho, doña Catalina, pero pueden estar seguros de que les permitirá vivir con desahogo.

–Gracias, Jacobo –replicó ella–. No sé si será un abuso por mi parte, pero quiero pedir una cosa más.

–Usted dirá.

–La verdad es que no sé cómo decirlo… En realidad, lo que quiero es que incluyas en el contrato… un tresillo de esos chesterton, con su sofá y sus dos butacas.

Jacobo se rió y contestó:

–De acuerdo. Mañana mismo se encargará y, en cuanto llegue, lo tendrá en su casa.

Doña Catalina se dio media vuelta y se perdió por la puerta de la cocina con una sonrisa inacabable.

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