
La Rayuela
Lola Quero
Puente de plata a la privada
Tierra de nadie
HEMOS escrito, en trabajos anteriores, sobre la educación y la generosidad, la dignidad y la honestidad y …la lealtad, ¡divino, donde los haya, tesoro! Vamos a concluir este ciclo, en el que nos hemos dejado llevar por lo que ya no se lleva, permitiendo que sea “Lealtad” el navío que nos lleve, con la honestidad en viento de popa empujando fuerte, no podrá entonces la brújula otro rumbo marcar, más que el de un buen puerto donde amarrar se pueda, ¿cuál otro si no la amistad fuera?
Nos gusta recurrir al diccionario, compañero siempre dispuesto a aclarar conceptos y enmendar errores. De la amistad dice: “afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato” ¡Ahí es nada! “Afecto”, cierto, no puede haber amistad si no hay por medio cariño, no entremos, de momento, en más. “Puro y desinteresado”, dígase o entiéndase: leal y honesto. ”Compartido con otra persona”, así, y de ningún otro modo ha de ser; podemos, y debemos hacerlo: querernos a nosotros mismos -viene esto a cuenta por aquello de “ser amigo de ti mismo”-, pero para que de amistad se trate, hace falta un otro que haga suyo lo que es nuestro y nos deje hacer propio lo que de él es, y claro está, de sentires hablamos. “Nace y se fortalece con el trato”, tan cierto como complicado, tan imprescindible como enrevesado. Han, los destinados a ser amigos, de conocerse, saberse y comprenderse primero, querer entenderse después, y admitirse luego. Con el tiempo se va puliendo el trato, se admiten errores, disculpan pendencias y compensan ausencias; hacer del sentimiento voluntad es parte de la disciplina de la amistad, tornar la voluntad en sentimiento, supone aceptar.
Es difícil establecer escalas cuando de sentires hablamos, pero, creemos, que es de común acuerdo colocar la amistad verdadera tras el amor sincero. Espinoso, esquivo y escaso es el camino de quien la amistad espera encontrar, todos la queremos, la esperamos y casi que la reclamamos, pero … ¿cuántos dispuestos a ofrecer lo que la amistad exige?, tan pocos como amigos, de verdad, encontramos.
Si no en la misma abrumadora cantidad que sobre el amor, seguro que después de él la amistad es el sentimiento del que más se ha escrito, y se escribe, se habla, discute, supone, o imagina; y es que todos queremos amigos, a pesar de que no todos seamos capaces de cumplir con lo que la amistad impone.
Dijo alguien que el amigo debiera ser, a la vez, espejo y sombra: el espejo nunca miente, la sombra no se aleja nunca … Y es que sinceridad y proximidad, afectiva, son indispensables parar poder sostener lo que tanto esfuerzo y cariño costó construir. Uno, a nuestro entender, de los más brillantes pensadores del pasado siglo, Albert Camus, escribió: “No camines delante de mí, puede que no te siga. No camines detrás de mí, puede que no te guíe. Camina junto a mí y sé mi amigo, ¿hermoso, no?, y tan cierto, y revelador, como la misma vida.
Debiéramos poder asumir, y no es fácil hacerlo, que la amistad sólo es posible entre gente de bien, con los fallos inherentes a nuestra condición humana, sí, pero gente buena al fin y al cabo. Porque los mezquinos tienen cómplices; quien por interés se mueve, socios; los famosos, seguidores; los reyes, cortesanos; los políticos, afiliados … únicamente en relaciones entre las que haya hueco suficiente para la bondad necesaria, será posible, no garantizada, la amistad.
El amigo te respetará, si es necesario te criticará y reconvendrá, en presencia, y te defenderá, siempre, en ausencia. Es muy fácil, para quien honesto no es, sonreír, abrazar, mostrar cariño o elogiar a quien la fortuna guarda y mientras se disfruta de bienestar, pero ojo, tal vez un día todos ellos te fallen, no lo hará el amigo de verdad.
Creemos que para que la amistad lo sea, a más de lo ya referido, ha de darse entre los aspirantes, para bien comenzar, eso que conocemos por “química” -ese flujo indescriptible de sentimientos que nos conectan con otra persona, estableciendo una unión sin más razón que la de los encajes que el destino halló en las actitudes de los dos- entre los llamados a ser amigos; pues no basta con desearlo. Es como en el amor ocurre: no podemos elegir de quien nos enamorarnos, tampoco a quien de nosotros lo haga. Surge después la “chispa”, puede ser instantánea o irse forjando con el tiempo, entonces sí, hay que “querer”, no ya al amigo, que por supuesto, si no la propia amistad; pues no es “algo” que, una vez “instalado” pueda permanecer sin más atención que el recuerdo: necesita de cuidado y atención, desvelo y cariño, renuncia y voluntad, humildad y honestidad, generosidad y lealtad, ¡ahí es nada! -ya lo dijimos, pero lo repetimos-. Como suponen, no, no es “cosa” fácil de encontrar, puede que sea esa la razón por la que lo que tiene de inusual le sobre de valioso, y ya saben que lo que vale, cuesta. (Continúa)
También te puede interesar
La Rayuela
Lola Quero
Puente de plata a la privada
Alto y claro
José Antonio Carrizosa
El rumbo de María jesús
La ciudad y los días
Carlos Colón
Bocatas y burguer sintomáticos
Crónicas levantiscas
Juan M. Marqués Perales
Montero puede petar
Lo último